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martes, 13 de noviembre de 2018

LIBRO - Gómez Carrillo, de la crónica al olvido

Enrique Gómez Carrillo, un escritor bohemio, oriundo de la Ciudad de Guatemala de finales del siglo XIX, fue un cosmopolita que quedó atrapado en el epíteto de "Príncipe de los cronistas". Dicha afirmación le ha valido un inmerecido olvido inmediato dentro de las letras y el canon literario del trópico centroamericano.


A diferencia de su contemporáneo, Rubén Darío, poeta nicaragüense y "Padre del modernismo" en la literatura universal, nuestro Gómez Carrillo quedó eclipsado por el manejo de su prosa bajo el ideal de 'crónica'. En el Diario de la tarde, donde ambos escritores trabajaron en conjunto, las columnas del guatemalteco ya destacaban por sí solas, tanto que le valieron una beca estatal con la que salió camino a España, favor del entonces presidente Manuel Lisandro Barillas; sin embargo, sería Francia y su 'Ciudad Luz', quien viera lo mejor de su desarrollo y talento como escritor.

De la mano del idioma francés, la vida bohemia, la transgresión cosmopolita de aquella ciudad europea y el auge de las vanguardias artísticas y de pensamiento, Enrique se llenó de influencias inmediatas para alimentar sus textos. Con una mirada crítica decidió ponerle ingredientes puntuales a nuestro castellano marchito, tal y como lo había hecho ya Rubén Darío con la lírica, recreó la prosa de su época, supo adornar de superlativos efímeros y estilizados sus líneas, y se ganó un lugar como cronista y diplomático destacado.


Pasa que en el camino entre el relato periodístico con función política y su vida bohemia con acercamiento modernista, pareciera que Enriques hubiesen dos, uno distinto del otro y el que mejor se vendió en aquella época, fue el primero. Las prosas irreverentes con las que se dio a conocer en diversos medios en España habían ido quedándose detrás de la imagen 'políticamente correcta' que la sociedad guatemalteca y el poder gubernamental le estaba imponiendo y he ahí el acercamiento achatado que se nos da de su obra dentro de nuestras aulas en la actualidad.

Gómez Carrillo en realidad, fue un genio que pasó sin pena ni gloria los umbrales del modernismo literario. Al no dejar sucesores, ni escuela, ni movimiento, ni vanguardia, el guatemalteco le ha impuesto esa visión de escritor burgués, o de extranjerizado irreconocible, incluso en el peor de los casos, simplemente 'cabrerista'. Aquellas obras como El evangelio del amor o Pobre clown, se han destinado a las esquinas de las libreras más empolvadas, es el Enrique más irreconocible, el menos guatemalteco, el indescifrable. En cambio, hablar de La Rusia actual o La sonrisa de la esfinge es mucho más vistoso al lado de los apellidos Gómez y Carrillo.

Busto de Enrique Gómez Carrillo ubicado en el parque que lleva el mismo nombre del escritor, ubicado en la 6a. avenida de la zona 1 en la Ciudad de Guatemala.

Existe un compilado de prosa, única dentro de la literatura hispanoamericana, tres novelas de este autor que son dignas de admirarse individualmente y que se distribuyen normalmente en un solo conjunto, son las Tres novelas inmorales. Dichas novelas describen lo maravilloso del decadentismo, la belleza de lo exótico, el encanto por los placeres sensoriales y la ambientación ilusoria entre lo novedad y lo antiguo, todo un contexto bohemio, todo Gómez Carrillo.

El texto más imprescindible de las llamadas 'novelas inmorales' (por su tono erótico y sin censura, quizá para aquel siglo XX) sería Del amor, del dolor y del vicio, una vorágine de sensaciones que se transmiten al lector como si viviese en carne propia la narración tan detallada y sensorial de Gómez Carrillo y los acontecimientos tan extraordinarios de sus personajes. Dicho texto no tiene antecedentes directos en la narrativa hispanoamericana ni generó una tradición, pero la razón por la que debiera ser una lectura obligatoria es por la originalidad de forma y contenido, elementos ausentes ahora dentro de nuestra literatura guatemalteca, tan llena de posmodernidad y experimentación, toda injustificada y al punto que se vuelve un performance, sin género literario o crítica artística que le contenga.

Los otros dos textos que le acompañan son Pobre clown y Bohemia sentimental, textos aún menos conocidos pero que profundizan en la esencia de la vida bohemia de placeres exquisitos y mujeres peligrosas. La feminidad juega un rol muy interesante en estas novelas, debido a que los estereotipos de mujer quedan de lado, para Gómez Carrillo las femme fatale tienen un rol protagónico, la manipulación de la razón y el sentimentalismo se ven enfrentados por la picardía y la seducción; estas ideas temáticas rompen los esquemas de maternidad y matrimonio que se veían impuestos en aquellos años llenos de costumbres tan conservadoras, todo ello sin tener una bandera de feminismo por encima.


Que esto sea un breve acercamiento a la verdadera obra modernista detrás de este grandioso escritor guatemalteco, un cosmopolita irremediable, un bohemio real (sin caer en la tradición nihilista del caos, como lo fueron los amantes del 'realismo sucio'); Enrique Gómez Carrillo, no fue solo el más grande cronista hispanohablante, ni fue un periodista politizado, ni un diplomático de relaciones estrechas, se trata de uno de los narradores más inventivos y controversiales del siglo pasado, un transgresor literario que jamás se disculpó por no escribir como el canon artístico latinoamericano lo hacía y lo sigue haciendo.

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