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martes, 20 de noviembre de 2018

RESEÑA - Vargas Llosa, 25 años después en Guatemala

Columna publicada originalmente con el título: "Cara a cara con un Nobel" en la columna Catábasis de la revista Gazeta.gt.


El auditorio Juan Bautista Gutiérrez de la Universidad Francisco Marroquín presentó, casi en simultáneo a la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Literatura a Eduardo Halfon, al premio Nobel de Literatura de 2010 Mario Vargas Llosa. Fue un acto ordenado y solemne en el que dio a conocer su más reciente obra: La llamada de la tribu.

Vargas Llosa, quien en los últimos años ha optado por alternar sus publicaciones entre ensayos y novelas, se presentaba en Guatemala por primera vez en 25 años; con la diferencia de que fue en 1993 cuando esta casa de estudios le concedió, en palabras del actual rector Gabriel Calzada: «el primero de muchos doctorados honoris causa que ha recibido hasta la fecha»; y aún no se le concedía el galardón literario por parte de la Academia Sueca.

Gabriel Calzada, rector de la UFM; y Mario Vargas Llosa.

25 años después, el espacio estuvo bastante concurrido, sobre todo para ser una presentación de literatura en un país en el que no falta escuchar quien se queja de que no somos una sociedad de lectores o donde no se apoya la cultura. El peruano pudo llenar todo el auditorio y los pasillos externos frente al Museo Popol Vuh, donde se transmitió la presentación por medio de pantallas a aquellos que no se inscribieron en tiempo o no encontraron cupo.

Aunque la actividad fue gratuita, requería que aquellos que desearan escuchar al último del «boom latinoamericano» se registraran con anticipación, que llegasen un tiempo antes para encontrar un lugar privilegiado para verle. Al menos dos horas antes del inicio de la presentación ya se contaba con un buen grupo ansioso de ver al nobel.

Y dada la buena logística de la Universidad Francisco Marroquín, de manera ordenada se pudo ingresar al auditorio. En lo personal me hacía harta ilusión encontrarme con el último vivo del grupo de héroes literarios que tuve en mi adolescencia (pues habían logrado notoriedad en el extranjero, cuando usualmente era el extranjero que ganaba notoriedad en Latinoamérica). Aunque no se pudo observar el mismo orden para los presentes que deseaban obtener un autógrafo al final de la presentación; pues hubo confusión para indicar el lugar en el que habría de hacerlo y tan solo estuvo en ello 30 minutos.

La presentación inició tal cual con una apología al pensamiento liberal-libertario; de todas las ventajas que esta corriente político-económica e ideológica ha aportado a la humanidad, a partir de las ideas del filósofo escocés Adam Smith, pasando por Böhm Bawerk, Hayek y Ludwig von Mises. Luego se procedió a mostrar un video que integraba la estrecha relación entre las ideas de libre mercado, la Universidad Francisco Marroquín y la carrera político-literaria de Mario Vargas Llosa.

Era un adelanto de la temática que habría de abordarse, pues el texto La llamada de la tribu, estaba muy acorde al espacio en el que se presentaba, pues, como indicaba Vargas Llosa, fue creado para dar a conocer el desarrollo de las ideas liberales, que esta Universidad, desde su fundación por parte de Manuel Ayau y asociados, se ha distinguido en presentar.

Liberalismo, libertarismo, neoliberalismo, tres sustantivos con los que nombró a una ideología que en sus palabras ha sido muy mal vista y muy mal publicitada, pues usualmente se le asocia con la idea de egoísmo, desdén por la pobreza y olvido por las necesidades sociales; cuando realmente, como expresó Vargas Llosa, busca acercar al ser humano a la libertad, entendiéndola como una sola, aunque con muchas esferas de implicación: aspectos sociales, económicos, políticos. Libertad para ser y actuar. Y que ha demostrado en los casos de Chile y Singapur como la libertad económica permite a un pueblo progresar y satisfacer sus necesidades materiales.

Aunque destacó que en estas naciones, aunque se ha dado libertad de comerciar, la libertad política ha estado fuertemente limitada; incluida la China continental (que aunque no lo mencionara Vargas Llosa está próxima a implantar un sistema de control estricto sobre sus ciudadanos y les limita fuertemente su privacidad y locomoción). «¡Pero todo es bello cuando se tiene lo suficiente para consumir!».

Si bien Vargas habló del desarrollo de estas ideas, y de su libro en particular durante 45 minutos, vale destacar que indicó que es preciso que además de que se alcancen grados de desarrollo económico, también se alcance desarrollo cultural e intelectual para alcanzar el progreso.

Luego de su disertación mantuvo un coloquio breve con el rector de la UFM; y procedió a responder una serie de preguntas por parte de los asistentes.

Todos se enfocaron en la charla sobre libertarianismo, y despreciaron la valiosa oportunidad para preguntar a un destacadísimo escritor sobre su visión del camino actual de la literatura latinoamericana o al menos de sus opiniones para la guatemalteca.

Tan solo uno de los participantes en el grupo de los que preguntaban se animó a cambiar de tema y a reconocer su admiración por Vargas Llosa en su faceta de escritor; mencionó a otro autor: Marco Antonio Flores (nacional); en tanto preguntaba a Vargas Llosa sobre su opinión ante la relación del poder transformador de la poesía y el compromiso político.

Él se limitó a responder que le parecía que la poesía y la novela no eran un buen medio para transmitir ideas políticas y que para ello era preferible ahondar en los géneros del ensayo o el artículo periodístico.

En lo personal, considero que esta presentación adoleció en complacer a muchos de los espectadores; pues si bien es cierto que muchos de los presentes, por encontrarse en la Casa de la Libertad, son seguidores de esta corriente de pensamiento; no todos los que asistimos buscábamos a un Vargas Llosa político, sino que al escritor.

Era como si se nos vendiese a otro hombre, con el mismo cuerpo, con la misma edad de Vargas Llosa, quizá con los mismos dotes estilísticos; pero estaba totalmente alejado de aquel que en la cultura y la ficción movía las emociones de los hombres impulsándoles a imaginar o a soñar verdades probables.

Los presentes buscaban más literatura y menos discurso político-ideológico. Parece que como menciona Milton Friedman: «There’s no such thing as a free lunch», y a los presentes, amantes de la literatura como un hecho estético y no como un recurso de transmisión de ideologías, nos tocó pagar el precio de escuchar una conferencia que se desarrolló sin propósito específico; pues se movía entre la apología del libertarianismo como corriente de pensamiento político-económica y el ensalzamiento del libertarianismo presente en la obra reciente de Mario.

Se siguió luego con las usuales preguntas en relación a la cultura, se mencionó la posverdad, a las limitaciones que imponen los gobiernos dictatoriales, la incorrección política y se terminó la cátedra que presentaba el liberalismo como la única opción posible.

Nos perdimos al Vargas Llosa escritor de ficciones, pero tuvimos al escritor de textos políticos. De cualquier manera, fue una experiencia espléndida, tener de cerca y poder compartir espacio con uno de los grandes de la literatura. Pudo el público guatemalteco tenerle cerca, después de 25 años (pues la visita anterior fue prácticamente secreta); pudieron muchos agregarle valor subjetivo a sus copias de las obras de Vargas Llosa, con un autógrafo y una fotografía; llevando en sus corazones el recuerdo de haber compartido con uno de los grandes. 
Columna por: Luis Ricardo López Alvarez.
Fotografías: Rodrigo Villalobos.

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