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lunes, 22 de abril de 2019

CRÓNI/K/ - Perseguido


Tan solo en el primer semestre del 2018 se registraron 417 muertes violentas de menores de edad en Guatemala, decía una investigación de EFE Noticias. Ese dato se lo comenté a San Martín días después, cuando nos encontramos en la tienda de la esquina; después de comprar cigarros y algo para tomar nos sentamos en unos bancos en la tienda y platicamos un poco acerca de su vida y cómo fue que el primero de octubre de ese mismo año, recibió un disparo en un evento confuso y escalofriante, que nos recuerda la crudeza y barbarie que ronda las calles de Guatemala.

-Entonces no sé vos, siempre me he sentido perseguido, como que algo anda tras de mí. -San Martín me mira fijamente a los ojos y me pregunta si puede agarrar un cigarro, lo toma entre sus dedos y lo enciende con un ligero temblor en las manos. Tiene una expresión ruda y la cara manchada con algo que parece ser grasa, pero no deja de parecer un adolescente de quince años. Saca el humo del cigarro y vuelvo a escuchar su voz nerviosa.- Desde chiquito. Ponete, cuando fueron a sacar a mi carnal de allí de 'La Isla', ese callejón atrás de la tortillería, yo estaba bien chavito y solo me acuerdo que empezaron a tocar bien duro la puerta y yo me desperté así bien ahuevado y se empezaron a escuchar los gritos de mi carnal. ¡Mama! Abrime que allí vienen esos cerotes. ¡Abrime mama que me van a matar! Y mi ruca se levantó a quitar llave y empezó a llorar y a gritar y no podía abrir la puerta y en eso se escucharon los plomazos, así como cuatro va vos. Malditos dejen a mi nene, ¡Ismael! ¡Isma, Isma!, dice que gritaba mi ruca y ¡pam! Un plomazo más va vos; se echaron a mi carnal allí en la puerta. Le pegaron un tiro en la cabeza y cuatro en el pecho. -Dice mientras se toca el esternón con los dedos y saca el humo del cigarro.- Va, de allí fue por eso que nos pasamos a vivir donde mi abuela, allí empezando 'El Esfuerzo', porque a mi ruca ya no le llegaba ese cuarto, decía que le recordaba a mi carnal. Ya con mi abuela fue que me dijo lo de mi papá, ¿te acordás que te conté que ella me dijo que no sabía si era el lugar o la gente?, o saber va vos, pero que nosotros estábamos malditos, que tal vez nos habían brujeado o saber qué, pero es que como que la muerte nos rondaba me dijo. Ella me contó que a mi papá lo habían levantado los juras, los judiciales dice ella, porque andan así entacuchados los majes. La onda que, para no hacértela cansada, a mi ruco lo levantó la jura y lo fueron a dejar por allá por 'Las Guacamayas'. Tenía el brazo hecho mierda y se lo tuvieron que quitar, por eso cuando vendía prensa allí andaba con el brazo envuelto porque no le llegaba que la mara lo anduviera chingando. ¡San Martín! Juntá las manos para orar. Dice mi abuela que lo chingaban mis tíos y ella se reía. Ya después que se desapareció cuando yo tenía como ocho años y ya nadie volvió a saber de él.

Apaga su cigarro en el cenicero y me pregunta si puede agarrar otro. El nerviosismo del principio poco a poco se fue disipando. Le pregunto si volvió a saber de su papá alguna vez; me vio fijamente mientras jalaba de su cigarro, el tabaco crujió en sus labios y al sacar el humo, soltó sus palabras lentamente:

-La gringa, que fue la misma que me clavó San Martín porque me parecía a mi ruco va vos, me dijo que lo vio por allá por ‘La Merced’, vendiendo prensa con unos chavitos, pero saber, esa gringa a veces andaba muy prendida y era más pequeña que mi ruco; a veces se quedaba por días en la casa dándole a la piedra, hasta que un día le dieron pa’bajo. Ponete ella tenía como unos veinte años cuando la mataron, la descuartizaron y la metieron a un tonel por andar extorsionando, entonces saber si creerle lo de mi ruco o no va vos. Pero por eso mismo te digo, yo sé que he hecho mis maldades, pero ¡uy!, mejor me alejé de la maldad porque no quiero parar así.

Pone su cigarro en el cenicero y se saca la camisa para mostrarme la herida de bala en el pecho y la operación que tuvieron que hacerle para que sobreviviera. Soba la cicatriz en su estómago y hace un gesto de dolor, espera a ver mi reacción y se sienta, toma su cigarro y continúa:

-A veces duele, es como si algo me puyara y no me deja respirar, pero digo que prefiero esto a parar como la gringa, así en pedazos, o como mi ruca va vos, jalado. Ella está en ‘Santa Teresa’, cumpliendo por extorsión porque ella era la que llamaba a los pilotos o recogía la vara, entonces la agarraron va vos y lo peor es que yo no puedo ir a verla, porque tengo orden de captura por la PGN, y no quiero regresar allí a ‘Las Gaviotas’, aunque los majes allí sí se prendían bastante, sacaban musicón y se ponían a fumar mota los sábados ponete, allí mismo, hasta los polis se prendían, pero nel, estar jalado es otra onda. Por eso mejor me dedico a bretear y hacer mis varas. Ya de por sí quiero juntarme con mi güisa o algo, porque la otra vez ya me dijo que, si le hacía un chavito que la mamá de ella se va a hacer cargo y vivimos allí con ella, pero nel, já, si tengo quince años, mano, ¿qué voy a hacer con un chavito? Todavía a los dieciséis, pero ahorita nel. Mejor me dedico a bretear y hacer varas. Pero me da miedo ir a bretear, así como hoy no fui porque me dio algo en el pecho, lo mismo que sentí el día que me fui a bretear y que me pegaron el bombazo. No era como cuando empecé de chavito a bretear sino era algo diferente. –Y le mete otro jalón hondo al cigarro antes de seguir.- Las primeras veces que salí fue porque un don me llevó, que él tenía una silla de ruedas y le dijo a mi ruca que, si me podía llevar. ¿Te vas? Me dijo mi ruca; Órale le dije yo y me fui con el ruco, ya en la calle me dijo que me sentara y me quedara quieto, entonces la onda era que pasábamos en los carros pidiendo varas y la gente nos daba y la echamos en guacal de plástico que andábamos el ruco y yo. Así me compraba mi licuadito y mi almuercito y yo bien jailoso. Pero ese día que me pegaron el bombazo yo tenía algo en el pecho, algo que me puyaba, pero tenía que sacar lo del cuarto en el que vivo con mi carnal, aunque ni sé para qué lo pago porque miralo allí, drogadicto el maje. Va, la onda es que estaba yo allí en la ‘Zona 6’, más o menos por el IGSS, cuando yo en mi onda va vos, viendo a la mara que cargaba sus 'macdonals' y yo pensando en que me iba a comprar una mi hamburguesa, cuando en eso va vos, me le acerco a un 'picop' blanco y nomás baja el vidrio y me enseña el cuete. ¡Five compadre! Le digo yo y me hago para atrás y ¡pam!, me pegó mi plomazo, pero como yo me estaba volteando me salió por atrás, de allí solo recuerdo a una doñita que llegó corriendo a ver qué me había pasado y de allí ya no me recuerdo, ya desperté en el hospital y fue cuando llegó el MP a preguntarme qué pasó o si tenía a alguien, pero ya no llegaron otra vez y luego llegó una ruca a preguntarme que cómo estaba y fue la que me vino a dejar con mi abuela en un taxi.

La imagen de San Martín anhelando una hamburguesa justo antes de recibir un disparo se me viene a la mente, mientras veo en mi teléfono que el último McDía Feliz recaudó más de once millones de quetzales y celebran que por los últimos veinte años, han logrado convertir hamburguesas en sonrisas.

-Ahora mejor conseguí otro brete de ir a pintar casas con la banda de acá, pero no sé, a veces no me llega salir. Así como hoy no fui, me dio eso que me dio en el pecho el día que me bombearon. Entonces no sé va vos, siempre me he sentido perseguido. Como que algo anda tras de mí.

San Martín toma otro cigarro y lo enciende, me tira una sonrisa y levanta sus cejas en señal de lo que sigue. Por momentos es difícil pensarlo como un niño de quince años, tan inmerso en uno de esos círculos interminables en que la violencia y la fatalidad parecen… perseguirlo.

Jenner Santos.
Antropólogo por la Universidad de San Carlos de Guatemala y periodista cultural de Revista La Fábri/K/.

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