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jueves, 13 de junio de 2019

TEATRO - "Retrato del pintor en sanguina", una historia reinventada

Desde siempre la historia ha sido fuente inagotable para ser literaturizada, con ello el surgimiento del drama histórico como subgénero del drama. Se empieza a cultivar a finales del siglo XVI e inicios del XVII, entre los autores iniciadores de esta tendencia están Shakespeare, Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, entre otros; en la actualidad sigue vivo este tipo de drama.  Al igual que la novela histórica se caracteriza por recrear un periodo histórico ciertamente lejano (la temporalidad es definida por el autor), presenta eventos y personajes peculiares no ficticios. Antonio Buero Vallejo decía «el teatro histórico es labor estética y social de creación e invención, que debe, no ya refrendar, sino ir por delante de la historia más o menos establecida, abrir nuevas vías de comprensión de la misma e inducir interpretaciones históricas más exactas… ».

En Guatemala los dramaturgos se han hecho cargo de visibilizar el drama histórico con piezas teatrales como Doña Beatriz, La Sinventura, de Carlos Solórzano obra ambientada en Guatemala, en la época colonial, trasluce la primera catástrofe natural ocurrida en la segunda capital de Guatemala, en el Valle de Almolonga, arrasada por la correntada de agua que bajó  del volcán Hunahpú, el 10 de septiembre de 1541, los personajes principales son los españoles Doña Beatriz de la Cueva y Pedro de Alvarado;  también la obra de teatro Árbenz, el coronel de la primavera de Manuel Arce, se centra en datos cronológicos que van desde el inicio de la conquista española, la llegada de Arévalo al poder, hasta el año de 1954, en los últimos días del gobierno del presidente Árbenz, tomando el papel diversidad de personajes, los cuales sus nombre figuran en la historia guatemalteca de la época.

Estas obras han servido como una brevísima explicación acerca del drama histórico escrito por dramaturgos guatemaltecos del siglo XX, que sin duda se reconoce su labor documental a tan arduo trabajo. Hoy en día en este nuevo siglo aún se sigue cultivando este subgénero y, entre las piezas teatrales de este tono, cabe destacar Retrato del pintor en sanguina, del dramaturgo guatemalteco Rubén Nájera. Es una obra que nos transporta a un pasado no muy remoto, en 1912, para ser más exacto ciento siete años atrás, lo cual sugiere parte de la vida del pintor Carlos Mauricio Valenti Perrillat, quizá los momentos más álgidos de sus vivencias durante  su estancia en Guatemala y sus últimos cinco meses de vida en París, en donde tuvo que lidiar con su enfermedad lo que seguramente es lo que más le atañía en su vida artística, los problemas con su vista y su fatal decisión de suicidio, esto como pequeño resumen de su biografía.

Fotografía del maestro Rubén E. Nájera Contreras, escritor y dramaturgo guatemalteco.

Esta obra no se rige exactamente por los datos biográficos del pintor, sino muestra una versión diferente de la historia. Para empezar los nombres de los personajes no se encuentran como usualmente se conocen, entre ellos están Stefano Rosso (Carlos Valenti) Esteban (Carlos Merida), Estefanía, madre de Stefano (Helena Perrillat-Bottonet), Fanny, Steve y Etienne (amigos). La historia se basa en la extraña enfermedad del pintor, su sintomatología y su fatídica muerte, con ello las constantes interrogantes de sus amigos, que aluden la supuesta predilección de Stefano por pintar con color sanguina o bermellón,  tal color refleja la presencia de la muerte.  Por otro lado, las variadas referencias de su madre acerca de su infancia, su juventud y de los pros y los contras de Stefano como pintor en Guatemala, en tanto sus miedos y tristezas por la enfermedad de su hijo y el singular intercambio de cartas con Esteban amigo de Stefano que siempre mantuvo al tanto a lo que acontecía con él. Además, refiere una relación amorosa entre Stefano y Fanny una bailarina francesa. El desenlace sucede con la complicidad de Esteban  por darle  una sobredosis de láudano y narcótico a Stefano lo cual pidió con desesperación a su amigo.

En cuanto al cambio de la versión de la historia, acaso, ¿podría estar mal? quizá para los dramaturgos más tradicionales, sí, pero para los que tienen visión renovadora no, tal como lo hace ver el dramaturgo español Antonio Buero Vallejo «El autor no tiene por qué ceñirse a total fidelidad cronológica, espacial o biográfica respecto de los hechos comprobados, es cosa en la que no hay que insistir. Un drama histórico es una obra de invención, y el rigor interpretativo a que aspira atañe a los significados básicos, no a los pormenores… Escribir teatro histórico es reinventar la historia sin destruirla; reinvención tan cierta que, a menudo, personajes o situaciones enteramente ficticios tienen no menor importancia que la de los personajes o sucesos propiamente históricos». (Buero Vallejo, 2005).

Buero Vallejo aduce en constancia que el autor debe tener destreza para mezclar los hechos  ficticios sin dañar de cierto modo los hechos históricos, por ello insiste en la idea de reinventar la historia sin intención de destruirla. «Ahora bien, para alcanzar la interpretación histórica de fondo que permita negar la tradicional y adelantarse a ella, manteniendo sin embargo el derecho a llamar «histórica» a la obra, hay que ejercer especial tino al mezclar aspectos inventados o destacados con la fidelidad, nunca vulnerable del todo, a los hechos históricos. Para acertar en la tarea, de dos cosas precisa el autor resuelto a dar una versión enriquecedora y no tradicional de personas y acontecimientos pasados: el conocimiento profundo de lo realmente sucedido y de sus causas, tanto sociales como psicológicas, por un lado; la intuición de la «intrahistoria» posible que los hechos documentados no pueden dar, por el otro». (Buero Vallejo, 2005).  Ante estas aclaraciones de tan notable dramaturgo como Buero Vallejo, hace ver que Nájera como autor está consciente de los datos biográficos de Valenti así como de los hechos históricos de la época, en la obra está claro que está inmersa la intrahistoria por aquellos hechos que están ahí, pero  no están documentados, se encargan de  mostrar, conocer y percibir el lado humano de los personajes.

Entre tanto es necesario hablar como se conforma los espacios en escena, la cual según acotaciones del autor el escenario debe estar dividido en cuatro espacios uno que presente la habitación de Stefano y Esteban en París, otro el patio de la casa de la familia Rosso en Guatemala, en otro ángulo el escritorio del médico, y lo que sobra del escenario seria el estudio del escultor Etienne, resulta que la división es de cuatro espacios escénicos, y es porque la obra se caracteriza por estar divida en seis capítulos y con ello cada capítulo está conformado por subcapítulos, entonces sucede que conforme acontece la historia se necesita tener estos cuatro espacios en escena porque tiene carácter simultaneo lo que acontece, por ello es viable este tipo de escenografía.

El escenario tiene varias divisiones. Al fondo, como un teatro dentro del teatro, la habitación de Stefano y Esteban en París. En ángulos asimétricos, un rincón del patio de la casa de los Rosso en Guatemala, con un cuadro del mismo patio pintado por Stefano Rosso y el buró  del Médico. El resto del escenario, en cámara negra, representa el estudio de Etienne con una escultura hecha a base de objets trouvés,  una suerte de retrato cubista de Stefano que gira sobre su base.  (Retrato de pintor en sanguina, 2014, p.24-25).

Pero, para que estos cambios de escena sucedan es necesario de valerse de la luminotecnia, los cambios de luces son muy importantes, porque logran centrar la atención en cada uno de los espacios, también se busca el efectos emocional y connotativo que la luz enfoca dependiendo de las circunstancias.  En la escena del entierro de Stefano en el  cementerio de Montparnasse, la luz blanca se enfoca sobre  Etienne, la luz recrea un ambiente frío,  mientras este cuenta  lo sucedido mientras sepultan a su amigo.

II
Funerales

Un haz de luz blanca ilumina a Etienne. Al fondo sombras representando un entierro en la cúspide de una colina. (Retrato de pintor en sanguina, 2014, p.29).

En la escena den ‘El rojo’,  una luz roja se dirige hacia la habitación en París de Stefano y Esteban, la luz roja simboliza la enfermedad que aqueja a Stefano, relacionado con su problema de visión,  esto lo lleva a un estado de pesadillas.  Se aprecia el juego de voces de los personajes que  van y vienen que logran atormentarlo hasta que logra despertar.

III
El rojo

La habitación de Esteban y Stefano, perdida en una penumbra rojiza, con reflejos ondulantes, como si estuviese sumergida en el fondo del mar. Stefano vive una pesadilla. Las voces, cavernosas, lentas se escuchan en el ambiente, yuxtapuestas, y dejan entender solo algunas palabras. (Retrato de pintor en sanguina, 2014, p.35).

En cuanto a la simultaneidad en el escenario se aprecia  en cada uno de los cambios de luz, cuando dos de los espacios escénicos se conjugan, esto se aprecia cuando una luz enfoca sobre  la habitación en París, donde Esteban escribe una carta dirigida a Estefanía, a quien anuncia que Stefano ha muerto y lo doloroso que es para él. Luego la luz se enfoca hacia Estefanía quien recibe la noticia y luego ella lee una carta dirigida a Esteban. Cabe mencionar que esta complicidad de intercambio de cartas entre Estefanía y Esteban se puede notar en otras escenas.

3

Esteban, sentado frente a la mesa de la habitación escribe. En otro ángulo del escenario se ilumina el patio de una casa de principios del siglo, en Guatemala. Estefanía, sentada en un viejo sillón de nombre, lee una carta. (Retrato de pintor en sanguina, 2014, p.33).

En cuanto a la decoración el que más llama la atención es el estudio del escultor Etienne, el autor acota que es un espacio lleno de esculturas fabricadas con objets trouvés  (es un arte  realizado mediante objetos que no se consideran artísticos, siendo de los pioneros el artista francés Marcel Duchamp, en inicios del siglo XX).  En esta habitación resalta una escultura realizada con tal tendencia, esta representa a Stefano y además es una especie de retrato cubista, el cual gira sobre un pedestal.

I
Preludio

El escenario se ilumina poco a poco de rojo, revelando el estudio de Etienne, un espacio lleno de esculturas fabricadas con objets trouvés, en medio de las cuales sobresale la que representa a Stefano, inconclusa, en cuyos detalles finales trabaja, más como un mecánico que como un artista… La escultura gira sobre un pedestal, lentamente, con un chirriante sonido de engranajes oxidados. (Retrato de pintor en sanguina, 2014, p.29).

Carlos Valenti Perrillat, reconocido pintor francés oriundo de París que vivió en Guatemala (1888-1912).

Francisco Nájera hace que esta obra se caracterice por sí sola, puesto que reinventa la historia; no se queda con los datos biográficos sino que nos cuenta una historia distinta a la que ya conocemos, eso le da originalidad, no está destruyendo nada, solamente está dando un toque distinto. Tomando otro punto en cuanto a escenografía, la estrategia de montar cuatro espacios escénicos en el mismo escenario parece muy eficiente, porque  no requiere cerrar el telón para cambios de escena sino que es la luz la que se encarga de centrar la atención según corresponda el espacio. Para resaltar un último aspecto, cabe elogiar que esta obra es singular porque, da la sensación de que puede ser leída con comodidad, ya que tiene un aspecto  muy narrativo, y eso no quita también que sería excelente verlo en la puesta en escena. Dejo acá una breve biografía de Nájera, es necesario conocerlo porque poco se sabe de tan excelente dramaturgo.

Rubén Estuardo Nájera Contreras,  nació en ciudad de Guatemala, el 13 de abril de 1954, es Ingeniero Civil egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Es un dramaturgo laureado de los Juegos Florales Centroamericanos de Quetzaltenango, las tres obras son Silva o La Conspiración (1986), 1649 (1989) y Clitemnestra ha muerto (1991) por lo cual le fue concedido el rango de Maestre de Teatro en 1991. En 1997, en coordinación con Alfredo Porras Smith creo el ciclo de Teatro en concierto, con lecturas interpretativas de teatro. También ha incursionado en la narrativa y poesía, también como ensayista, traductor, ha dado diferentes talleres de dramaturgia y ha sido jurado en diversos certámenes. En el 2009 con el libro de poesía Aguas del olvido se hace merecedor del Premio Mesoamericano de Poesía “Luis Cardoza y Aragón”. Sus obras han sido dirigidas por  directores como Alfredo Porras Smith, Luis Tuchán, Dick Smith, Xavier Pacheco, Pascual Antonini, entre otros.
Bibliografía

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