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sábado, 17 de agosto de 2019

/K/RTONES - Arturo Santana "Despertar" [2]

Despertar

II

El viento soplaba silenciosamente entre los edificios. Si bien la oscuridad parecía difuminarse desde arriba, nadie se daba cuenta. Era una situación normal hasta donde recordaba. La rutina no empezaba para un mundo que se dejaba arrastrar por las olas como materia inerte. Siempre era así. Y aunque llevaba décadas viendo ese vaivén repetitivo, no entendía cómo la gente podía seguir ese ritmo, a veces acelerado y otras pausado. ¿Cómo podía alguien vivir en paz entre tanta impetuosidad? ¿Cómo se podía vivir? ¿A todo eso, qué significaba estar vivo realmente?

Un tenue resplandor empezó a aparecer. Todavía le ardían la boca y las venas. Podía escuchar y sentir ese veneno, porque no encontraba cómo más llamarlo, subiendo y bajando por cada espacio de su cuerpo. Vio su mano con un leve asombro. Jamás la había visto tan gris. No parecía sino la extremidad de un monstruo... ¿No se suponía que a pesar de todo seguía moviéndose como un ser humano? Reflexionó unos segundos. Revivió de nuevo esos momentos tan abominables, los hombres en el callejón abusando de la mujer, destruyendo la existencia de aquel niño; las decenas de personas cuya sangre estaba contaminada; esos tipos de traje caro y elegante podridos en sus entrañas por el vicio y las mentiras, o que miraban a los ancianos en las calles como un dios sin misericordia que ve a su enemigo. Comprendió entonces que seguía siendo uno de ellos. Aunque fuese algo más, las marcas de nacimiento y de condenación estaban reflejadas en su ser. No podía escapar de su esencia.

Echó otro vistazo a la ciudad dormida. Tanto y a la vez tan poco entre el concreto. La náusea le invadió una vez más. Pensó en el tiempo transcurrido desde su “muerte” y se dio cuenta de la degradación progresiva. Quién diría que deberían pasar décadas, incluso más, para que agradeciera estar solo en el mundo y dejara de llorar por dentro. Al final, aquella tragedia no lo era, por lo menos para quienes alguna vez… Para él, quizá era una lección que aprendió y entendió muy tarde. Intentó sobrevivir en un lugar sin vida, pensando que saciaría algo más que su sed; que sería un viajero atrapado en dimensiones extrañas en busca de una justificación en una tierra que no la tiene. La maldición no era la eternidad en sí, sino pasarla en un infierno que no lo parece, con demonios que creen que no lo son.

Se quedó unos minutos más mirando el horizonte hasta que empezó a arder con los primero rayos de la mañana. El dolor que las llamas le causaban a su cuerpo era lo más purificante que jamás había experimentado. “Si estás ahí, perdóname”.


Fin.

Arturo Santana
Ciudad de Guatemala, 24 años.

Nació el 10 de mayo de 1994, en Ciudad de Guatemala. Desde pequeño se interesó en la lectura, aunque sería hasta la adolescencia cuando empezaría a escribir. Tiene pensum cerrado de Licenciatura en Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ha trabajado como corrector de textos en un medio de comunicación y ha publicado poemas en la revista Mandrágora.


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