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miércoles, 11 de septiembre de 2019

RESEÑA - Huidobro y el verbo crear

Columna publicada previamente en la revista digital Gazeta.gt el día 19 de abril del 2018.


Sin afán de descubrir el agua azucarada, y queriendo hacer entendible este artículo en el que me he decidido a presentar a ustedes a Vicente Huidobro, buscaré dejar de lado la palabra rimbombante y emplearé más aquellas que verdaderamente busquen reproducir la poesía del autor mismo.
Huidobro lleva ya 70 años tan vivo e inmaterial, presente tan solo en su poesía, lo cual no es poco. Parte de su alma quedó capturada en cada uno de los versos que con intención reproducen las escenas que sus títulos anuncian. En vida, buscó que su obra trascendiera más allá del ideal de mímesis occidental; es decir que, desoyendo el llamado aristotélico y platónico, este hombre no buscaba hacer copias imperfectas de poemas perfectos en el mundo de las ideas, o copiar exactamente los hechos y la naturaleza hasta el punto en el que fueran creíbles.
Y es que al leer la obra de Huidobro, se puede percibir que el autor no busca para nada que el lector se quede únicamente en entender lo versificado, no se dedica a describir los pétalos de las flores, ni lo verde y lozano del campo; es en realidad un intento por que el lector evoque y recree en su mente y sienta aquello que se le presenta. Para esto se sirvió de imágenes sensoriales, con mayor uso de las visuales y las auditivas, así como de las figuras de pensamiento.
Ciudad
A veces el troley
Hace volar
pequeños pájaros de fuego
Campo
En la montaña
Los rebaños
tiemblan bajo la tormenta
Fragmento tomado de Tormenta de horizonte cuadrado (1917)
«Y es que en las ciudades la gente habla, habla pero nadie dice nada…» o dicen mucho pero sin sustancia, al menos eso nos dice Huidobro en Las ciudades, poema presente en Hallalí (1918). Y a esto ha tendido parte de nuestra poesía guatemalteca contemporánea, a un conjunto de palabras mal juntadas que buscan ser polémicas; de poetas que solo quieren hablar y trabajar temas «actuales» pero que en esencia no impactan en nada en el ser interno del hombre; de escritores que se dicen experimentales, de vanguardia, posmodernos; en los que la explicación del trabajo tiene más poesía y filosofía que la obra misma.
¿Será en este caso, Huidobro, un heredero del conceptismo de Quevedo?, que con versos cortos y rimas rápidas busca más impactar en la mente del lector que en hacer rezumbar sus oídos. Vale decir que no por esto deja de trabajar el ritmo en sus composiciones, una cosa no excluye a la otra.
Huidobro, y la forma impersonal del verbo crear, se personaliza con cada lectura y relectura intencional del poema, es sin duda un autor que no debería de expulsársele de las secundarias o las aulas universitarias, pero sin duda uno que no debería de incluírsele como acto de declamación en un día de la madre. Máxime cuando se trata de un autor que sabe describir con verdadero arte el amor erótico, la soledad y la melancolía ante la muerte o el abandono. Valga de ejemplo el siguiente:
Y Adán le dijo:
-Ven, quiero sentirte
Junto a mí, quiero rozarte,
Yo estaba solo y tú viniste
Y toda mi enorme soledad llenaste.
Yo estaba solo, pero no lo sabía,
Ahora tendrás que acompañarme,
Irás conmigo a todas partes
Ya que me has enseñado a amar la compañía.
Tomado de Primer amor del Adán (1916)
En Primer amor, vemos como Huidobro enaltece la figura femenina representada por Eva, y la pasión y el arrebato que provoca su ser sobre el primer hombre; concibe al acto de la reproducción y la fecundación como el propósito del que surge todo, el padre de todas las cosas trascendentales;/ Eje de todos los actos de la Vida,/ Causa y fuerza que impele todo lo grande. Verdaderamente Huidobro comprendía el encuentro del amor romántico entre el hombre y la mujer, donde ambos extasiados y deseosos de poseerse el uno al otro cometían un acto verdaderamente sublime e importantísimo. Es en suma la paz firmada, la verdadera solución al conflicto actual entre hembristas y machistas, entre Radfem y MGTOW.
No es Vicente un autor para ser declamado a un público amplio, muchos de sus versos son para ser leídos de manera personal, o para ser susurrados al oído de la mujer amada, para sentir el cosquilleo que el impulso de vida puede presentársele a cualquiera con la capacidad de sentir y ser sensible.
Otro aspecto de la lectura de la poesía de Huidobro que capturó mi atención es la cualidad narrativa de su poesía y el manejo del tiempo, en efecto tengo total conciencia de que me encuentro escribiendo sobre el género lírico, eso no exime para nada que en la poesía puedan encontrarse elementos propios de la narrativa, sirva de ejemplo el poema Tierra baldía de T. S. Eliot o los casos de poesía antigua y medieval. Es en Vacío donde Huidobro presenta saltos temporales del pasado al presente; de la vida y el abandono de una casa donde ha vivido una mujer que ha sido ya sacada muerta de su casa; de como en vida la casa y la mujer estuvieron cargados de belleza, y de como con la muerte de aquella se llevó al deterioro de aquel espacio.
¡Hasta para filosofar da Huidobro!, para preguntarse si verdaderamente dejamos nuestra esencia en los espacios que habitamos.
Este espacio y por esta semana no da más para seguir analizando tantos otros temas, recursos y particularidades de este genial poeta chileno, de este creador y creacionista; de este descriptor de la situación Europea en la Segunda Guerra Mundial, tal y como lo hizo en 1914, Las ciudades y Las trincheras, en Hallalí; tres poemas en los que presenta su percepción de lo vivido en aquel momento.
Sea con ustedes el verso, la palabra, que les abra miles de puertas estas semanas; que la hoja que cae volando en la lectura que tengan a la mano sea perceptible a sus ojos, y que por la gracia de lo creado, quede su alma temblando.

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