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Analfabetismo, periodismo y cultura literaria: ¿Un caldo social merecido? - Opinión

OPINIÓN POR RODRIGO VILLALOBOS / 18 DE NOVIEMBRE 2018

LAS OPINIONES VERTIDAS EN ESTA COLUMNA SON DE ENTERA RESPONSABILIDAD Y CRITERIO DEL AUTOR QUE LAS EMITE, Y NO REPRESENTAN NECESARIAMENTE LA VISIÓN DE LA REVISTA.

Existe en Guatemala una enorme tasa de analfabetismo que nos ciega como sociedad y nos aqueja día a día. Dado que este mal se presenta en la rutina de nuestro país, nos veta de conocimiento político, económico, cultural, etc.; por lo tanto, no se permite el fomento adecuado de un desarrollo literario, ni nos permite la mediación adecuada entre la producción artística y la difusión adecuada en el país.


Pluma y letras volantes
Se espera que tras conocer los resultados del censo del 2018, Guatemala refleje una mejora en las tasas de analfabetismo pues, se supone que programas como Conalfa han favorecido con técnicas efectivas a que la mayoría de la población sepa leer y escribir.

Si bien es cierto, Guatemala cuenta con varios medios de información masiva, tanto públicos como privados, el espectro literario no es una prioridad en las carteleras culturales de los periódicos que se distribuyen a diario en el país, y a través de medios digitales tampoco hay una constante publicación que brinde relevancia a la literatura en general.

A nivel nacional, el periodismo cultural tiene un segundo plano que se mercadea como publicidad y no como materia de conocimiento general informativo. La mercadología global tiene aristas lucrativas sobre cualquier otra cosa. Es el caso de las publicaciones culturales que están más sujetas a la venta de espacios que a la contribución social que pueda ofertarse en el contenido de las obras.


En un país como Guatemala, donde no se lee porque no existe un enfoque crítico de necesidad por la alfabetización de la nación, los pocos faros literarios que se permiten ser partícipes de un espacio en revistas, periódicos, blogs y redes sociales no siempre cuentan con el mejor respaldo publicitario. Y si al caso, alguna publicación tiene buen manejo de marketing para la venta, no siempre es de la mejor calidad.

La información, que normalmente manejan los medios de comunicación, casi siempre está influenciada por intereses personales que a veces ponen en primer pedestal situaciones sociales que no tienen mayor injerencia, como cortinas de humo, para no demostrar las carencias que puedan existir en el mismo contexto. Lo mismo se aplica en las publicaciones que tienen que ver con el desarrollo de las artes en nuestro país. No siempre se publican las mejores reseñas o críticas literarias, ni se hace mención de la venta del mejor libro del momento, y si se hace, no tienen el impacto que una noticia de otra índole pueda tener. Un claro ejemplo de esta situación es evidente en las portadas de los diarios, las cuales son la primera impresión del lector sobre un medio de comunicación escrito; y, es que nunca una noticia de cultura acapara la suficiente atención como para ocupar la mayor parte de la primera página, por el contrario, es más fácil hallarse incluso con noticias del fútbol internacional que una presentación de una novela o poemario. Pero en un país donde pocos leen, ¿de verdad hay espacio suficiente para la literatura y sus críticos?

¿Cómo un partido de copa europea puede acaparar tanto interés intelectual y social, al lado de presentaciones de libros o entrevistas con escritores nacionales que están marcando un hito en la literatura contemporánea? Y, a la vez, ¿cómo es posible que se publiquen libros para promocionarse como si fueran catálogo de ofertas en un supermercado? ¿Qué clase de mercado se necesita para incrementar y desarrollar lecturas de críticas y reseñas literarias que tengan mayor impacto que la que se le otorga al cine hollywoodense o a la más reciente entrega de series en Netflix?


|Imágen de libros en computadora
Desde la aparición del internet, los medios digitales han acercado la información de manera más rápida, pero no por ello más eficiente, por lo tanto, el periodismo cultural ha perdido lectores y espacios de difusión.

Es por eso que en nuestro país, con altos índices de analfabetismo, problemas y deficiencias diarias en la educación y sin medios de comunicación masivos que fomenten la literatura nacional, nos parece muy difícil salir de la ceguera social que aceptamos en nuestra dieta guatemalteca de cultura.

Si queremos cultura debemos exigirla, pero no desde la publicidad que nos bombardea en los medios sino desde las aulas y desde nuestras familias, fomentando el hábito de la lectura, no como un pasatiempo mediático ni como un adoctrinamiento de masas, sino como un caldo de conocimientos. Hasta el peor de los libros puede dejarnos alguna enseñanza, pero si no lo intentamos nunca lo sabremos. La iniciativa está en las manos de cada uno de nosotros, no se necesita ser maestro de literatura, simplemente hay que ser un lector constante que a base de prueba y error genere su propio criterio para compartirlo con el prójimo y contagiarlo de dicha conducta.


Rodrigo Villalobos


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