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La posibilidad poética en un microteatro de prosa- Teatro

RESEÑA POR RODRIGO VILLALOBOS / 16 DE ENERO 2019

El teatro guatemalteco tiene grandes aciertos en estructura y contenido. Varios han sido los elogios para dramaturgos como Manuel José Arce, Manuel Galich o Hugo Carrillo. Sin embargo, se debe destacar la incursión en el microteatro de un escritor reconocido, sobre todo, por su obra narrativa: Mario Monteforte Toledo (1911-2003).


Mario Monteforte Toledo
Mario Monteforte Toledo nació en Guatemala el 15 de septiembre de 1911. Narrador, poeta, ensayista y novelistaEn 1944 fue Ministro del gobierno de la Revolución, además, fue presidente del Congreso, Vicepresidente de la República y Embajador de la ONU. Fuente: https://www.prensalibre.com/hemeroteca/murio-escritor-monteforte-toledo/

Monteforte Toledo es capaz de recrear y sintetizar una situación cotidiana con conversaciones cortas y escasos recursos en escena. Su microteatro maneja una atmósfera cercana con el espectador, pero sus diálogos poéticos tienen una fuerza natural que merecen un estudio aparte.

En el libro Filosofía y poesía de María Zambrano se exploran las capacidades líricas de todo texto desde una perspectiva filosófica, en el caso de obras como Ignacio Fulgores o Los bandidos de Monteforte cabe la cita que hace Zambrano sobre su componente poético en los diálogos con fuerza de delirio con observaciones como esta: «En la narración poética hay también angustia, pero es la angustia que acompaña a la creación del momento. La angustia que proviene de estar situado frente a algo que no precisa su forma ante nosotros, porque somos nosotros quien ha de dársela.» (Pág. 89).

Otro de los rasgos característicos de esta obra dramática es la brevedad de las acotaciones, la escasa escenografía y utilería que se describe, pero todo acompañado de una perfecta claridad sin abarrocamientos, en perfecta naturalidad; acá una muestra de ello en la obra Los bandidos:

Acotaciones teatrales en máquina de escribir

Línea a línea estas obras son capaces de englobar información y de transmitir toda la carga emocional detrás de cada personaje. Esto es posible gracias a la perfecta sincronización entre gestos, movimientos escénicos, diálogos y juegos de luces o sonidos en los momentos precisos. Nada le sobra y nada le faltan a estas breves representaciones. 

Para algunas obras, como el caso de Emiliano Zapata y El apóstol nos hallamos ante una ruptura de la cuarta pared que resulta suavizado, parte de la introducción de ambos desarrollos narrativos dentro de este extraordinario microteatro. El aparecimiento del director como un personaje participativo y activo le da un tono sumamente interesante.

¿Quién dice que no hay poesía en la dramaturgia moderna? Existen situaciones que Monteforte trabaja tan bien que se sienten espontáneas para el momento en representación escénica; un ejemplo de ello en las siguientes líneas de Emiliano Zapata:

Acotaciones teatrales en  máquina de escribir

La belleza de este breve lenguaje se puede resumir en palabras de María Zambrano con esta acertada cita: «Muy audaz parecerá talvez el llevar el arranque de la poesía hasta un acontecimiento tan decisivo, tan en lo hondo de la naturaleza humana, que no hay ciencia que lo pueda alcanzar, ni medir.» (Pág. 93).

La carga empática y emotiva de este teatro tan original debería ser un germen para más producciones de este tipo; la escenificación se siente intensificada gracias a su brevedad y es reconfortante para el lector como para el espectador estar en una catarsis constante en tan poco tiempo, el argumento se percibe del todo creíble y en cada momento, sin aderezar demasiado los escenarios ni los personajes.

Bibliografía:
  • Zambrano, María. Filosofía y poesía. Fondo de Cultura Económica. 4ta. Edición. México 1996. 128 páginas.
Rodrigo Villalobos


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