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martes, 2 de julio de 2019

ENTREVISTA - Nilton Santiago, poesía e inspiraciones

Nilton Santiago, poeta peruano,
ganador del Primer Concurso Internacional de Poesía Vicente Huidobro.

El 14 de marzo del año en curso, en la sala Amanda Labarca de La Universidad de Chile, en Santiago, se celebró la ceremonia de anuncio del ganador del Primer Concurso Internacional de Poesía en honor al destacado poeta chileno Vicente Huidobro (1893-1948). Este concurso es organizado por la Fundación Vicente Huidobro, la Universidad de Chile a través de la Cátedra Vicente Huidobro, y Valparaíso Ediciones. 

Reconocimiento creado en el 2018, con la finalidad de reconocer y difundir las voces actuales de la poesía en lengua castellana.

El nieto del poeta y presidente de la Fundación, Vicente García Huidobro Santa Cruz, anunció como ganador al poeta peruano Nilton Santiago por su libro ‘La historia universal del etcétera’.  (Universidad de Chile)

El poeta recibirá un incentivo de diez mil dólares, la posibilidad de publicar un libro en Valparaíso Ediciones y de participar en el Festival Internacional de Poesía que la Fundación Vicente Huidobro realizará en el segundo semestre de este año”. (Universidad de Chile)


Nilton Santiago nació en 1979 en la ciudad de (Lima, Perú) donde cursó estudios de Derecho y Ciencias Políticas, desde hace varios años reside en Barcelona. Ha ganado diversos premios literarios; en esta entrevista conoceremos un poco sobre su trayectoria artística, especialmente del más reciente galardón que ha obtenido.

***

Carlos Jarquín: ¿A partir de qué edad adoptaste el hábito de la lectura?

Nilton Santiago: Quizá sucedió cuando leí por primera vez un poema de José María Eguren (1874-1942). No recuerdo la edad ¿importa? Sólo sé que, desde ese entonces, el tiempo abandonó sus prisas y me enseñó a “ver”.

CJ: ¿Cuál es la lectura de tu de máxima preferencia?

NS: Las líneas de las manos, desde siempre.

CJ: ¿Por qué crees que escribes poesía, por pasión, necesidad de desahogar sentimientos, compartir ideas, compromiso social?, o ¿crees que has nacido para cantarle a la vida a través de tus versos?

NS: Creo que fue Luis Hernández quién dijo que escribía poesía porque tenía “bonita letra”. Pues lo mismo.

CJ: ¿Cuántas horas por semana te dedicas a escribir poesía?

NSNi una sola, más bien intento vivir poéticamente, es decir, queriendo sorprenderme.

CJ: ¿Cuál es tu libro preferido del poeta Vicente Huidobro? ¿Por qué?

NS: Creo que Altazor, que más que un libro es un cometa que navega por el universo con alas de mariposa.

CJ: ¿Que representa para ti, haber sido el primer ganador de este Premio internacional de poesía Vicente Huidobro?

NSUna infinita alegría, pero también una gran responsabilidad. La figura de Huidobro ilumina todo lo que toca, así que espero estar a la altura de este premio... soy un poco bajito, pero la ilusión lo puede todo. Aunque siempre he creído que los premios son para la poesía: el poeta se borra para ver.

CJ: ¿Cómo describes el sentimiento al haber recibido esta grata noticia?

NS: Lo describo, ciertamente, como indescriptible.

CJ: En este concurso hubo una participación de 784 poemarios, correspondientes a 33 países. ¿Cuál es tu perspectiva sobre esta gran cantidad de poetas que participaron?

NS: Que, por ecología, todos los premios literarios tendrían que hacer posible que los libros aspirantes puedan presentarse online (como éste).

CJ: ¿Qué mensaje especial, le envías a todos los poetas que participaron en este competitivo concurso internacional?

NSNo soy “nadie” para darle mensajes a nadie, más que de admiración y amistad.

Además, desde mi punto de vista –que puede ser cuestionable, porque no veo bien- a la poesía no le gustan las medallas y arroja a las papeleras los trofeos, porque, precisamente, nos enseña de que hay otras maneras de estar en el mundo, donde los premios sí que valen para ponerlo en tu currículum.

CJ: ¿En cuántos meses escribiste, “La historia universal del etcétera”?

NS: Me es muy complicado determinar los meses en que se puede escribir un libro de poesía, precisamente porque la poesía nos revela que hay otras formas de ver el tiempo y nos susurra al oído: “¡Eh!, detente, mira ese pájaro que le canta a la lluvia”. Creo que a la poesía no le gustan las prisas y pasa de los relojes y los despertadores.

CJ: ¿Qué temas abordas en este poemario?

NS: La Historia universal del etcétera  más que un libro, es una gran pregunta: ¿alguna vez te has preguntado qué hay detrás de este “etc…” en el que terminan nuestras conversaciones o las noticias trágicas del periódico?.

Yo no lo sé, desde luego, por eso prefiero pensar en este libro como un microscópico –pero sincero- intento de revelación, de resistencia; de poblar eso que llamamos vida, rutina, día a día, con eso que por menos esencial pasa desapercibido, aquello que los discursos de la normalidad se esfuerzan por mantener en la oscuridad porque, como todos sabemos, a la sociedad de consumo en la que vivimos sólo le interesa convertirnos en clientes y no en personas.

Este libro no contiene ninguna respuesta, pero está lleno de preguntas que intentan visibilizar a los invisibles.

***

Libros y premios de Nilton Santiago

En poesía ha publicado

El libro de los espejos (II Premio Copé de la XI Bienal de Poesía 2003), La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad (Premio Internacional de Poesía Joven Fundación Centro de Poesía José Hierro, Madrid 2012), El equipaje del ángel (XXVII Premio Tiflos de Poesía, Visor Libros 2014), Las musas se han ido de copas (XV Premio Casa de América de Poesía Americana, Visor Libros, 2015) y, recientemente, La historia universal del etcétera, con el que ha obtenido el Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro (Valparaíso Editores, marzo 2019). 


También es autor del libro de crónicas Para retrasar los relojes de arena (Vallejo & Co., 2015), ha publicado las antologías A otro perro con este hueso (Casa de Poesía, Costa Rica 2016) y 24 horas en la vida de una libélula (Scalino, Sofía 2017).
·       


A continuación reproducimos parte de la obra del escritor Nilton Santiago; compartidos por el entrevistador Carlos Jarquín: 



ESTA NO ES LA HISTORIA DE UNA TRAGEDIA GRIEGA

Dicen que las palabras son las costuras del silencio.

Pero las palabras en este poema,
son en realidad como globos de helio que tengo que atar a la página en blanco
para que no huyan,
aunque huir, al fin y al cabo, es para un poema
la única forma de hablar sobre lo que ya no está
(que es lo único que nos pertenece).

Entonces la poesía levanta el ancla de sus noches esdrújulas
y despliega las velas que la transportarán hasta el agua de tu mirada,
claro, si es que estás de humor y te apetece leer este poema,
que es como una partitura para un acordeón desafinado.
Esto tiene poco de serio,
no tiene nada de académico pasarse la mañana
construyendo castillos de palabras
que sean menos poéticos que unos prospectos médicos,
pero es hora de que sepas que la vida de un poema
es tan breve como la sonrisa de un mendigo acusado de ser pobre.
Pero volvamos al poema,
que acaba de llegar al puerto de tu mirada.
Sabes bien que apenas empieces a leerlo,
el poema se pondrá a comer las migajas de tu vida
y subirá al taxi de todas tus tristezas,
que, desde luego, sabe tu dirección de memoria.

Pones el libro sobre la mesa y buscas algo de comer:
sopa china instantánea para la cena.
El café de esta mañana aun brilla sobre la mesa
como un pequeño pozo de petróleo. Te acercas a la ventana.
Al otro lado de tu calle,
cientos de estrellas se descuelgan por la lluvia
hasta el corazón de varios refugiados que yacen a la deriva
sobre una inmensa rueda de caucho.
Pero nadie los ve, ni los oye.
Los faros no los iluminan.
Las estatuas marítimas no gastan sus lágrimas en los sin papeles.
Sólo los peces,
que nadan entre nuestros desperdicios,
lloran en silencio la pobreza del corazón humano.

Al poco rato, los inmigrantes llegan a la playa
deshidratados y hambrientos.
Los cooperantes les ponen papel de aluminio
para descongelar sus lágrimas.
Desde que oyen llorar a los peces, los policías ya no los apalean.

La sopa china instantánea te ha parecido horrible.
Te das una ducha caliente, te vistes a toda prisa
porque has quedado a solas con otro solitario.
En el mismo momento que sales de casa
una paloma del tamaño de la luna te caga en la cabeza.

Este poema no es la historia de una tragedia griega,
pero en lo primero que piensas
es que el dramaturgo Esquilo murió
al caerle en la cabeza una tortuga
que se desprendió de las garras de un quebrantahuesos.

 

LA ESCRITURA DE DIOS


Fu Xi, el primer emperador chino, era mitad serpiente, mitad humano y mitad enigma.
Cuentan que su madre lo concibió al pisar la huella de un gigante,
tan grande como la lágrima de un pez.
Fu Xi nació de un huevo
así que desayunaba mariposas para aprender el arte del vuelo.
Pero le resultó inútil: las nubes dormían sobre el suelo
para no empañar las gafas de Dios.
Una leyenda, citada por Wang Jia, cuenta cómo Fu Xi descubrió
ocho trigramas sobre el caparazón de una tortuga que no paraba de llorar.
Se cree que de esos diagramas oraculares surgió la escritura.

La escritura de la pobreza migra descalza en la mirada de un guatemalteco.
La escritura de Wang Wei era el manantial de donde brotaba el rocío.
¿Pero cuál era la escritura de Dios?
Mi padre me contó que en su pueblo los panaderos no sabían escribir
pero cada mañana horneaban una nueva biblia de harina.
Tampoco mi abuela podría haberse carteado con Fu Xi
y mucho menos haber leído un tratado de melancolía,
ya que la pobre apenas sabía deletrear su nombre.

Mi abuelo sí que escribía, con una pluma de su espalda,
discursos para taxistas solitarios
(cuando dirigía el sindicato de chóferes)
pero eso no cuenta.
Fu Xi se volvería a morir
si se enterara que acaban de arrestar por “vandalismo”
a una niña de once años
por escribir su nombre en el cemento fresco de una acera.
Si estuviera viva mi abuela diría:
“Ahí lo tienes: esa es la escritura de Dios”.


SOBRE EL PORQUÉ ALGUNOS REPTILES NO PARAN DE ESTORNUDAR


Katelyn Thornley es una niña de 12 años que se pasa el día estornudando.
Todo empezó cuando Katelyn asistió a una clase de clarinete
con los bolsillos llenos de escarabajos y de otros insectos musicales.
Por las noches, como también estornuda en sueños,
la pobre lleva una escafandra para poder nadar dentro de los sueños ajenos,
algo que no le gusta nada a su padre,
a quién Katelyn ha sorprendido —en más de una vez— soñando con su secretaria.
Katelyn es una estudiante de séptimo grado de Angleton, Texas
y sólo se lleva bien con las iguanas
quienes, según algunos biólogos, estornudan hasta debajo del agua
“aunque no estén resfriadas”.
Katelyn sufre una enfermedad desconocida
que le provoca estornudos unas 12.000 veces al día
y los médicos, que no saben qué diablos hacer,
se limitan a decir que, como las iguanas marinas,
no parará de estornudar hasta expulsar el exceso de sal de su corazón.

En el supermercado de su barrio ya no quedan pañuelos desechables
así que su madre teme por la biblioteca de su marido,
ya que Katelyn acaba de descubrir la delicadeza de los poemas de René Char,
perfectos para limpiarse la nariz o secarse las lágrimas
sin romper ninguna metáfora.

Entre los curas paganos de Flandes, un estornudo significaba un presagio
así que cada vez que Katelyn estornuda mientras un pájaro llora
sus padres salen de casa con un paraguas.
Nadie se creería todo esto si no fuese por la compañera eslovena de Katelyn,
quien dice que si un estornudo ocurre después de hacer una afirmación
debe interpretarse como una confirmación, por parte de Dios,
de que lo que se dice “es cierto”.
Y yo, vaya paradoja, escribo todo esto después de un ataque de estornudos,
lo que me recuerda que, en algunos pueblos de México,
se dice que si un chico estornuda
significa que su novia le está poniendo los cuernos,
así que doy por terminadas las funciones de este poema inútil,
recojo las sílabas transparentes de tu nombre y parto a casa.

Creo que tengo una iguana durmiendo en el corazón.


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