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1987 de Whitesnake, el amor en los tiempos del rock - Música

PUBLICACIÓN POR CHRISTIAN CASTAÑEDA / 16 DE SEPTIEMBRE 2019 


Érase una vez la gloriosa década de los 80’s en la que el rock corría libre como el viento a tal punto de ser un género musical amado y respetado por toda una generación rebelde, ávida por descubrir música de calidad capaz de dejar una huella imborrable en los años venideros. Entre aquel maremágnum repleto de vertientes tan diversas que complacían todos los gustos, se destacó el hard rock, ese hijo primogénito del rock and roll universal fundado por el mítico Chuck Berry en los años 50, y cuyo objetivo principal treinta años después era el de continuar prendiendo a sus seguidores con temas pegajosos repletos de riffs explosivos y coros memorables que se grabaran en tu cabeza. La moda del glam causaba furor por doquier. El maquillaje, el delineador, las melenas teñidas de rubio, los pantalones ajustados y las chumpas de cuero conformaban la indumentaria de los máximos exponentes del género. Figuras del calibre de Aerosmith, Europe, Bon Jovi, Def Leppard, Mötley Crüe, Twisted Sister y Van Halen llenaban estadios como nunca, al mismo tiempo que MTV transmitía sus videos a todas horas. Fue por dicha época precisamente en la que hizo acto de presencia la banda inglesa Whitesnake liderada por el excepcional David Coverdale. Su disco homónimo -conocido en Europa como 1987- surgió de entre las sombras para conquistar todo a su paso hasta consagrar a la banda como una las figuras clave en la historia del rock duro y pesado.

Portada del album 1987 de Whitesnake
Portada del album 1987 de Whitesnake (EMI)

Whitesnake, pese a que ya habían ganado para ese entonces cierto grado de notoriedad con su anterior álbum Slide It In, aún no eran tan ampliamente conocidos como querían. La banda ya contaba con otros álbumes de mediano éxito en su historial, pero aún estaban lejos de hallar la consagración en el mercado norteamericano. Coverdale, quien antes de fundar este proyecto, había desfilado como vocalista de Deep Purple obsequiando al mundo las obras legendarias Burn, Stormbringer y Come Taste The Band, debía dar el paso definitivo con su próximo material, si no quería permanecer relegado a un segundo plano debajo de todos los monstruos del género ya establecidos. Fue así como en 1987 apareció el álbum homónimo de la banda con el cual se pretendía demostrar que sus músicos habían dejado atrás las influencias del blues setentero y estaban listos para emprender la aventura más ambiciosa de su carrera.

Si hay algo que separa al álbum que nos ocupa el día de hoy del resto de obras lanzadas durante la última sección de los 80’s, es la temática predominante a lo largo de sus 53 minutos de duración: el amor y las emociones que se desprenden de éste cuando el ser humano lo experimenta en cada fibra de su piel. Tal es el caso de la famosísima balada ‘Is This Love’, con letras algo acarameladas pero que te llegan a lo más profundo de las entrañas hasta desgarrarlas. Personalmente, este corte se ha convertido en parte del soundtrack de mi vida, como estoy seguro que lo es de esos miles y miles de seguidores que tiene esta “serpiente blanca”. Asimismo, David Coverdale hizo un interesante experimento al regrabar ‘Crying In the Rain’ y ‘Here I Go Again’, dos canciones encontradas originalmente en la placa Saints and Sinners de 1982. El producto final en ambos casos es algo más pulido, potente y con solos guitarreros que se ajustan a la música que estaba de moda en el último tramo de los 80’s.

Otro de los temas que merece ser destacado es, por ejemplo, ‘Bad Boys’, con esa ideología rebelde que hace mella en cualquier adolescente deseoso de no ser uno más del montón, y muestra su inconformidad ante su familia y la sociedad hasta encontrar su propio destino. Es aquí donde la batería de Aynsley Dunbar cobra protagonismo y consigue que tus oídos estallen. Por otro lado, tenemos ‘Give Me All Your Love’ con sus aires comerciales, pero llenos de vida y energía, es uno de esos himnos que se deben corear a todo pulmón en cada concierto junto a la banda sin objeción alguna. Los solos, la armonía y la técnica que se utilizan aquí y en otras piezas como ‘Straight to the Heart’ y la devastadora power ballad rompecorazones ‘Looking For Love’, son otra muestra del enorme bagaje que posee este material.

David Coverdale
David Coverdale cantante de Whitesnake

En cuanto al rumbo musical, como ya lo mencionara anteriormente, el blues rock fue sustituido por un sonido más comercial con el fin de llegar a todas las radios y televisores del globo, sin que por ello su calidad se viera comprometida. Del mismo modo que lo hiciera Def Leppard ese mismo año con Hysteria, por ejemplo, Coverdale y compañía se volcaron de lleno a explotar el aspecto melódico del hard rock para forjar algo grandioso. El vocalista y líder de Whitesnake desata su furia vocal a gran escala en ‘Still of the Night’, el tema punta de lanza que los introduciría a un nuevo público dispuesto a recibirlos con los brazos abiertos. Fue precisamente con ésta canción que conocí a la banda hace varios años, gracias al disco Greatest Hits que un compañero de trabajo me mostró, luego de darse cuenta de mi interés en el rock ochentero. ‘Still of the Night’ me dejó en estado de fascinación debido en parte a la versatilidad vocal de Coverdale capaz de lanzar unos agudos de infarto a mitad de la canción, para luego llevarte inesperadamente a secciones donde su voz se vuelve grave y reposada.

Es importante destacar que tanto David Coverdale como John Sykes (Thin Lizzy) fueron los principales artífices de este álbum. Como dato curioso, Sykes y otros miembros de Whitesnake fueron despedidos de la banda antes del lanzamiento del LP debido a que ellos querían reemplazar a Coverdale por una enfermedad que lo aquejó durante largo tiempo. Como sea, el líder de este proyecto pronto reclutaría a otro grupo de músicos para seguir adelante. Fue así como en los videos musicales que se filmaron para promocionar este material, ya se podía observar a los nuevos miembros: Adrian Vanderberg, Vivian Campbell (Dio), Rudy Sarzo (Quiet Riot, Ozzy Osbourne) y Tommy Aldridge (Pat Travers, Gary Moore, Ozzy Osbourne). De esta forma, una nueva era se inició para Whitesnake.

Whitesnake
Whitesnake

Cuando veo a alguien conmoverse tras escuchar cualquier balada pop de Adele, James Blunt o John Legend, suelo invitarlo con amabilidad a disfrutar de esta perla musical nacida en la mente incansable del maestro David Coverdale, un auténtico rockstar desde la primera hasta la última letra, que supo ser un frontman de primer nivel en los 70’s con la máquina púrpura de Ritchie Blackmore, para luego independizarse y mostrarnos su visión particular sobre el amor, pero no con letras infantiloides de tinte emo o autoindulgentes que tan comúnmente encuentras en la mayor parte de intérpretes pop/rock contemporáneos. Al contrario, 1987, el álbum más exitoso de Whitesnake, representa el vivo ejemplo de lo que es una pieza musical hecha con verdadero sentimiento y poder. Esta obra representa el amor sufrido, el anhelo por conquistar al ser amado, así como la depresión cruda y sin maquillaje. Es tan real, que no puedes evitar que se te escape una lágrima o que una sonrisa haga resplandecer tu rostro, dependiendo de la canción que escuches en ese momento.

Después de su exitoso Serpens Albus (como se le conoce al disco en Japón), vino Slip of the Tongue, así como varias grabaciones en vivo. El grupo se desintegraría años después, dando paso a que David se dedicara a proyectos solistas y a colaborar con otros genios de la música como Jimmy Page. No obstante, en 1997 la leyenda regresaría con Restless Heart y once años después ya de forma definitiva con Good To Be Bad, el cual considero como la segunda parte de 1987 y la mejor forma de continuar con su inmenso legado. Hoy por hoy, Whitesnake continúa lanzando álbumes y hace giras por todo el mundo con otras leyendas del género. Si bien sus setlists abarcan canciones de todo su catálogo musical, nunca dejarán fuera joyas como ‘Still of the Night’, ‘Is This Love’, ‘Here I Go Again’, ‘Crying in The Rain’ y tantas otras que representaron el punto álgido de una banda que, desde el principio estaba destinada para la grandeza absoluta, y no se detuvo hasta finalmente volverse un pilar fundamental en la historia del hard rock.

Nota: Este análisis lo hice basado en la versión europea del disco, la cual no sólo incluye dos temas adicionales, sino también tiene una mejor distribución en sus canciones, en mi opinión.


CHRISTIAN CASTAÑEDA

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