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martes, 17 de diciembre de 2019

EDU/K/CIÓN - Recursos docentes en lengua: paignon

Columna publicada previamente en el medio digital Gazeta de Guatemala el día 22 de noviembre de 2017.


Enseñar Lengua y Literatura a nivel secundario es una tarea tediosa o interesante, según se estimule el interés del estudiante. Sin desestimar la perspectiva del alumno, me centraré en mi experiencia docente. Sé decir que los jóvenes no desean, no gritan al cielo por enfrentarse a los libros y hacer un análisis morfosintáctico de las oraciones que les presenta el ejercicio de un libro de texto. Sin embargo, ruegan a todo el Panteón (con dioses, héroes y genios familiares incluidos) por un buen docente de lengua. ¿Por qué?
Porque tienen asociada la materia con el constante repetir de dictados, hojas de trabajo y exposiciones sobre las escuelas de análisis lingüístico que ni terminan de entender ni logran encausar o enlazar con otras materias.
Es por ello que la materia de Lengua y Literatura puede llegar a ser la más tediosa cuando no se cuenta con un grupo de alumnos dispuestos a compartir lo que saben, a contrastar la información que reciben, a crear nueva información y a recibir el contenido que nos hemos propuesto a explicarles.
Quizá parecido a un estudio mercadológico, la Literatura también debe ser vendida (que no prostituida en el intento), debemos presentarla tal cual es, libre de endiosamientos, desprovista de la simpleza de una serie de rimas empalagosas o loas en el día de la madre. Aquel que desee enseñar literatura debe hacerlo movido por el mismo interés que le motivó a estudiarla, con la intensión de transmitir pasión y posibilidad de interpretar o de capturar el mundo y sus conflictos.
Cualquier exposición que esté desprovista de pasión, aún por el estudiante más aplicado, será un tedio, aunado al hecho de los nervios, los problemas de dicción, el balanceo de brazos, la posición en escorzo o cualquier otro de los vicios de postura o pronunciación que podamos observar.
Solemos olvidar que somos herederos de los antiguos sofistas, maestros en la enseñanza del discurso y la retórica. Que a pesar de su satanización en la época de la Ilustración, bien tenían una habilidad que me parece conveniente compartiles.
Aunque los cursos de Comunicación y Lenguaje en Educación Media en Guatemala ahondan en la comprensión de la lingüística, la valoración de la literatura, reglas ortográficas y unas cuantas luces básicas de gramática; poco trabajo se le pone a la comprensión o a la práctica del arte liberal de la Retórica, ¿Dónde podrán los jóvenes exponer sus ideas de manera clara?, ¿exponer sus ideas de forma objetiva y sin la venda de los sentimientos o las falacias?; antes bien pareciera que nuestro Currículo Nacional Base (CNB) está infestado por elementos de ideología de izquierdas (marxismo cultural) que dan mayor importancia en temas al lenguaje “políticamente correcto”, a la comprensión del género desde una perspectiva no biológica (acientífica) y a otros tópicos que bien llenan otra columna.
Vale la pena que el maestro de Lengua y Literatura busque nutrir a sus estudiantes de la confianza para exponer sus ideas y no sentirse abrumado porque ellas puedan o no ser de la predilección de la mayoría; antes bien, que comprenda que en el pasado a la verdad se llegaba por medio del cuestionamiento y de la discusión oral.
El paignon, y aunque la mayor parte de definiciones que de él se encuentran son anodinas, mi manera de llevarlo a cabo es sencilla; indicar a sus estudiantes que deberán pensar cada uno en una idea absurda y buscar razones para creerla realmente, o una idea polémica y de poca aceptación popular.
Pasará uno por uno a presentar su idea a la clase, mientras como docente usted hará el papel de Mefistófeles, dando consejos para contestar y responder tanto a los espectadores como al expositor; así ellos irán descubriendo qué argumentos son válidos, qué argumentos falaces suelen utilizar con facilidad los políticos, predicadores, líderes estudiantiles o sindicales y otros personajes que emplean la Retórica para el expolio o el sometimiento de las personas.
¿Qué logra con esto? Que el estudiante comprenda que el frente de la clase, el escenario, un podio o un foro son lugares donde debe sentirse cómodo, que debe expresarse con familiaridad, que debe estructurar sus ideas y tener en claro que aquello que expresa debe presentar un respaldo (de paso entender la dificultad o la complejidad de exponer un tema, tal y como usted lo hace día con día).

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