Revista cultural y literaria centroamericana

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/K/RTONES - Arturo Santana [Dos cuentos cortos]

Fuente: Pexels.

Insectos

Carlos degustaba un filete de res mientras veía el partido de fútbol en el celular. Un platillo que el trabajador promedio podía ingerir una vez al año. Sin embargo, él no lo disfrutaba del todo. Su equipo iba perdiendo y estaba jugando mal. A eso había que sumarle los problemas en el trabajo. “Es que esos huevones no hacen nada, todo lo tengo que hacer yo”, gritaba al salir de la oficina. Siempre pensaba que ese sitio era una pocilga. Mejor estar en casa.

Metió un trozo de carne en su boca. En la pantalla, el árbitro anuló un gol, aunque faltaba el VAR. Carlos estaba muy atento. De súbito, sintió un cosquilleo en el brazo. Pensó que eran los nervios. Bajó la mirada. Sobre su extremidad y el mantel sucio, varias hormigas se movían como endemoniadas. “¡Malditas!”, gritó mientras intentaba aplastarlas. Después del acceso de ira por los insectos y la anotación invalidada, siguió con su almuerzo arruinado.

Al terminar, dejó los platos en el lavabo. Vio algo moverse entre la pila de trastos sucios. Carlos dio un pequeño salto.

Mierda, si no son las hormigas, son esas asquerosas cucarachas. Les voy a echar veneno a todos esos bichos, que se mueran los malditos, me dan asco.

Buscó entre el desorden del baño hasta hallar el bote. Roció la cocina y el comedor. También aplastó a otra invitada que se le cruzó por la sala. Se sentía Dios cuando les sacaba las tripas a esas inmundicias.


Esa noche, un zumbido despertó a Carlos. Durante unos minutos dio algunos aplausos. Cuando el ruido cesó, siguió durmiendo. Soñó que pisaba a las escorias del trabajo, sin saber que nunca tendría la oportunidad. “Dengue hemorrágico”, diría el médico en unos días.


Fuente: Pexels.

Depuración

G entró pensativa al laboratorio. Según le dijeron, un error había creado una leve fractura. No era la primera vez, pero siempre ocurría durante el descanso de las pruebas, cuando nadie alzaba la vista. En esa ocasión, dos especímenes se dieron cuenta. Hasta lo grabaron con esos aparatos modernos.

    ¿Hay noticias de H-3234 y M-3254? — preguntó a uno de los científicos sin apartar la vista de la pantalla.

    Aún no despiertan. Pero, de acuerdo con el monitoreo de las etapas delta y REM, siguen alterados.

    ¿Qué tanto?

    Con base en otros sujetos, es muy probable que su primera acción sea compartir lo ocurrido. En el mejor de los casos, solo una conversación con otro espécimen.

Aquello no le gustó a G. Frunció el entrecejo. Si bien la mayoría podía considerar la grabación como una broma o montaje, existía un riesgo. No quería imaginar las consecuencias de una revelación tan grande. Le constaba que, cuando encontraban algún indicio que pusiera en duda su existencia o creencias mundanas, los individuos podían ocasionar un caos masivo. Si les fue factible tocar las estrellas, ¿quién aseguraba que no irían más allá para buscarlos?

    Activen el protocolo D-042.

    ¿El D-042, en ambos?— preguntó uno de los asistentes, un tanto incrédulo.

    ¿Algún problema?

    Eh… ¿no llamaría la atención? Digo, hay a quienes les gusta indagar y crear teorías. Además, ¿qué pasará con el aparato?

Meditó unos segundos. El joven estaba en lo cierto. Esa cura podía ser peor que la enfermedad. Quizá lo más prudente era ser “lógico” para ellos.

    Mejor el D-065. Que sea antes del amanecer. Pueden usar a H-4589 y H-3967, ya lo han hecho y andan por el área.

    Entendido. ¿Programamos el protocolo para ambos objetivos?

    Sí.

    A la orden— coreó el resto de la sala.


G abandonó el lugar con un poco de alivio. Si no pasaba nada extraordinario, la anomalía estaría resuelta al cien por ciento. Los humanos prestaban bastante atención a lo que ocurría en su vecindario, sobre todo lo malo; por ejemplo,  un robo y asesinato en una casa. Lo más seguro era que ni siquiera se preocuparan por un objeto faltante y un archivo inexistente que acabaran con todas sus creencias.

Arturo Santana
Ciudad de Guatemala, 24 años.

Nació el 10 de mayo de 1994, en Ciudad de Guatemala. Desde pequeño se interesó en la lectura, aunque sería hasta la adolescencia cuando empezaría a escribir. Tiene pensum cerrado de Licenciatura en Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ha trabajado como corrector de textos en un medio de comunicación y ha publicado poemas en la revista Mandrágora.

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