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viernes, 24 de enero de 2020

LIBRO - De Werner Ovalle López sobre esta tierra...


La poesía guatemalteca del siglo XX contó con una amplia cantidad de representantes de prolífica trayectoria que regaron versos inmortales sin temor y sin reparo por cielo, tierra y mar de esta pequeña y hermosa perla del istmo centroamericano. Francisco Méndez, Luis Cardoza y Aragón, César Brañas y Eduardo Villalobos forman parte de ese cúmulo de pilares que forjaron en sus letras la voz de un pueblo oprimido, pero a la vez trabajador y honesto, cuyas ansias por respirar esos aires de libertad han sido más fuertes que la represión y las crisis producidas por los derramamientos de sangre. Y, así como hubo poetas que eligieron el sendero de la crítica político-social, hubo otros como el quezalteco Werner Ovalle López (1928-1971) que dejaron un historial de obras destinadas a exaltar la geografía de un país, junto con sus valores y tradiciones más emblemáticas.

Werner Ovalle López. Poeta, médico y cirujano por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC).

Gracias a la Editorial Óscar de León Palacios y la colaboración de Marco Antonio Flores, se lanzó en 1999 Eras como la tierra, un compendio con escritos cuidadosamente seleccionados de este célebre poeta, para que el lector emprenda el viaje hacia una constelación poética sin fronteras en busca del canto del espíritu.

«En la noche del agua aman los peces
la sumergida sed de los corales,
el oscuro equinoccio de los pulpos, 
la incertidumbre de las tempestades,
la soledad mojada del naufragio,
el corazón de aguja de los mástiles…»

Leer a Werner Ovalle López, es como correr al aire libre en un campo de lirios, jazmines, amapolas y plantaciones de maíz. Es evocar los misterios de la noche, el susurro ininteligible de los bosques y el brillo diamantino de los océanos que nos rodean. Poemas como “Nunca”, “Canción de Otoño” y “Pasión” tienen la singular cualidad de poder disfrutarse por igual, ya sea al leerse en silencio o al ser recitados dado que rebosan de una musicalidad que fluye generosa y espontáneamente como el gorjeo de un ruiseñor. Este poemario también incluye “Padre Nuestro Maíz” (poema en cuatro estancias), el cual considero como la obra cumbre del autor. Este bello escrito de raíces criollistas demuestra un amor desmesurado por ese alimento tan propio no sólo del suelo guatemalteco sino de gran parte del continente americano, y que liga íntimamente a cada uno de sus pueblos desde tiempos ancestrales.

«Yo tengo frente de maíz. Yo sueño
la paz del surco iluminado y verde,
coronado de cañas verticales
como lineales templos de azúcar y de fiebre.
Yo tengo frente de maíz. Yo pienso
con las venas acústicas y fuertes
como un resucitado intemporal
que escondiera su voz en los claveles.
Yo tengo labios de maíz. Yo canto
sin la fría corola de la muerte
y predico las alas de la harina
con una gran serenidad silvestre.»

-Fragmento del poema "Padre Nuestro Maíz (I. Madrigal de Símbolos)".


Versos libres y de arte mayor, así como sonetos que rinden tributo a los grandes del siglo de oro español se proyectan desde el papel hasta el corazón del receptor para poner a prueba su temple, y trascender más allá del deleite puro de la lectura. Eras como la tierra incluye creaciones de tinte romántico con ciertos trazos de erotismo que evitan en todo momento el caer en la cursilería o la vulgaridad. Entonces, aparecen “Madrigal”, “Recuerdos” y “Amapola del Barrio” como vivos ejemplos de dulzura y sensualidad ataviadas con símiles elegantes de naturaleza hiperbólica. Sin embargo, esta colección de poemas no estaría completa si careciera de elementos más ominosos como la desesperanza, la muerte y el lamento por el ser querido que partió hacia la eternidad antes de tiempo. “Lágrima Interna” y “Elegía del hermano perdido” sobresalen al ser los portadores del dolor máximo en un alma que se desangra por dentro sin un hálito de esperanza capaz de salvarla de la desolación absoluta.

«Ah, mi madre luminosa,
sonora en sus campanas marchitas.

Cuando llora se aturden los jardines,
se quiebra la sonrisa,
y mi hermano pequeño con su luz mutilada
tiene rojas las alas de su infancia perdida.»

-Fragmento del poema "Elegía del Hermano Perdido".

Gracias a Werner Cárdenas Ovalle, nieto del escritor, el recuerdo de Ovalle López sigue vigente debido a un proyecto que busca dar nueva vida a sus versos por medio de la magia de la música. También se tiene planificada la publicación de un libro con poemas inéditos del autor originario de Salcajá.

Eras como la tierra forma parte de una serie de libros destinados a recoger la obra poética de los autores más importantes del siglo XX. Con ello, se busca rescatar las voces de un siglo que dejó grandes creaciones cuyo único fin es el de humanizar al hombre en una sociedad despiadada, sin escrúpulos y con el miedo de atreverse a soñar.

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