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viernes, 6 de marzo de 2020

LIBRO - "El Tigre", un análisis desde la escuela tradicionalista [Parte 1]

Ponencia presentada en el Centro Cultural Universitario Casa Flavio Herrera el XX de Febrero de 2020, con motivo del 125 aniversario del nacimiento del escritor Flavio Herrera.

Portada de El Tigre de Flavio Herrera - version de Editorial Universitaria, USAC.


Antes de tratar materia alguna sobre la obra literaria, permítanme darles a conocer la perspectiva que ante ustedes presento hoy. La Escuela Tradicionalista o Tradicionalismo Pereene; es una escuela de pensamiento que surge de la mano de los escritos de René Guenón, y otros autores como Julio Evola, Frihjof Shoun y Ananda Coomasaswamy. Ocasionalmente se apoya en los aportes del análisis de simbolos y el fenómeno religioso en los textos de Mircea Eleade. 

En esencia el Tradicionalismo es una reacción propia de principios del siglo XX que contraria a las vanguardias; rechaza la idea actual de progreso e ilustración; describe a la civilización moderna como: decadente y una pseudo-civilización. 

El mundo moderno solo se mide en torno a su progreso material o desarrollo tecnológico, pero se olvida o anula la moralidad y el espíritu del hombre occidental y más recientemente del hombre moderno globalizado. La posmodernidad es no más que un apéndice del cancro social que se ha convertido el mundo moderno.

Una tradición perenne o primordial ha sido transmitida desde el origen de la humanidad y ha sido parcialmente restaurada por cada fundador genuino de cada nueva religión; no de modo que sean todas una misma religión en una especie de gnosismo subversivo, sino que todas esas tradiciones históricamente separadas: la Toltecayotl de los nahuas, la Paideia griega, los Vedantas hindúes  o el Bushi-do japonés por mencionar algunos; comparten los mismos principios metafísicos, llamadas filosofía perenne.

Estamos hablando aquí de principios fundamentales, una moralidad antigua que insta al hombre a buscarse a si mismo en un estado superior, en la posibilidad de trascender en si mismo y por si mismo mediante su acción en esta tierra.

Voy a hacer unas observaciones sobre religión y cultura porque básicamente estas están cimentadas sobre estructuras ideológicas.

Guenón plantea en su libro La Crisis del Mundo Moderno, que las religiones semíticas (cristianismo, islam y judaísmo) tienen una estructura esotérica/exotérica. El exoterismo que es la dimensión externa de la religión, se integra por ritos religiosos y una moral además de una teología dogmática. Ese punto de vista exotérico que comparten las religiones semíticas esta basado en puro “sentimentalismo” en lugar de pura naturaleza intelectual; su actuar se limita en el seguimiento de la doctrina de la creación y en una subsecuente dualidad entre dios y su creación.

Es decir el hombre es contrapuesto a dios, quien esc perfecto, inmanente, y todo poderoso; en tanto el hombre es imperfecto, mancillado, carente de posibilidad de acceso a la divinidad no mas que por proximidad al dios  y la observancia de sus mandstos (por no decir menos que un esclavo). En una existencia en la que el único fin del hombre es estar en un eterno estado de bondad en un paraíso celestial  tal y como lo presentan las religiones abrahámicas, para servir eternamente.

Pero existen otros pensamientos, otras creencias más antiguas opuestas a estas exotetico/esotericas; y que no se basan en esa relación esotérica/exotérica como las mencionadas anteriormente; sino en ese Tradicionalismo Perenne, en el que el esoterismo a como lo presenta René Guenón tiene total independencia a esos ritos, moral y teología dogmática; en el que el fin de los estados superiores de realización son alcanzar la unión entre el individuo y su principio; ser al mismo tiempo trascendente e inmanente.

Así, el tradicionalismo concibe al ser humano en un estado de búsqueda de posibilidades de trascendencia del estado humano; y que en su cultura y organización social se ve manifiesta la  situación actual de una civilización; en nuestro caso la Occidental, aunque para lo tratante al Tigre de Flavio Herrera, he de decirles que encuentro en sus palabras una crítica al estado actual tanto de Occidente como de los pueblos que étnicamente integran las indígenas.

¿Qué es la modernidad para el tradicionalismo?, no es más que un proceso de decadencia; el reino de la cantidad; en la que el hombre y su universo están más determinados por la materia (contrario al espíritu a como era en el mundo antiguo) en palabras de René Guenón y que apoyado por Julius Evola llaman a nuestra época el tiempo del Kali Yuga.

El Kali Yuga es el periodo actual, que se describe en la literatura hindu como ka era de la hipocresía y el conflicto.




Vivimos entonces en un tiempo de valoración material, en el que la degradación moral es justificada en la satisfacción inmediata de los impulsos o necesidades más básicas.

La propuesta que tengo a ustedes no es la de dejar de analizar El Tigre de Flavio Herrera por su valor descriptivo, uso de imágenes sensoriales; presentación de cuadros de costumbres y dureza de la vida en el campo.  Porque la obra va más allá de la crítica de las duras situaciones de la vida en el campo, entiéndase a principios del siglo XX o en la tercera década del siglo XXI, es innegable que la obra es de carácter criollista, incluso una mala lectura podría tildar a don Flavio de machista o racista; cuando en sus palabras reside todo lo contrario. Es en si misma, no una obra que ensalza la violencia y en el que pinta de forma nostálgica o valerosa el uso de la agresión para conseguir la satisfacción de las pulsiones en la vida en el campo.

Don Flavio está haciendo una verdadera crítica al espíritu del hombre y la mujer occidental, modernos ambos y de como esta modernidad que representa la maquinaria, la presencia de extranjeros tecnificados (norteamericanos o alemanes) o la misma ciudad de Guatemala, representan un falso progreso; una mayor abundancia material pero una carencia de espíritu grandísima.

Baste como ejemplo la actitud de Luis de León el hijo del finquero que ha regresado tenificado al campo, que siente en si mismo reverberar  los impulsos por estar consciente que en la costa puede hacer a como le plazca sin tener consecuencias y cuando el personaje de Margarita se le acerca a pedirle un apoyo para recomendarle, este lo primero que hace es juzgarla interiormente y ofrecerle un apoyo en apariencia; no le reconoce como su igual a pesar de que provienen de familias ambas acomodadas aunque la Margarita caída en desgracia.

Así mismo Luis sin ningún remordimiento viola a una india en el campo; ni siquiera describe la impresión que le ha causado dejar a la mujer yaciendo pues para el no es más que un objeto por el que ha podido pasar y aliviar su congestión sexual.

Otro ejemplo de carencia de espíritu; porque los hay varios es la reacción de la alemana; que al ver que un peón ha llegado mordido por una serpiente barba amarilla, antes de inmutarse por el estado grave que tiene el hombre le ha pedido al médico si puede regalarle la serpiente, pues con el cuero puede confeccionarse bien unos zapatos y un cinturón que bien serán la envidia de sus amigas.

Luis es el claro ejemplo del hombre moderno occidental, materialista, clasista; tengamos por claro que la modernidad no es un tema del siglo XX en el que está ambientada esta obra sino mucho más viejo. Luis es un hombre impulsivo, libidinoso, desconfiado, conocedor de la ciencia y la técnica moderna y que desprecia el mundo antiguo. Es un doctor, una profesión de respeto que rechaza la figura del brujo, que es al final la última esperanza del indio luego de que sus tradiciones y su medicina le han dejado desamparado.

El brujo que sería quizá el último resabio de ciencia que les queda a estos seres que se presentan atontados, como animales queda desautorizado frente a la ciencia del hombre moderno; que es aunque portador de nuevo conocimiento un ignorante en materia moral o espiritual; ya que sus acciones no lo podrían siquiera redimir en su espiritualidad exotérica cristiana.

Y digo que es cristiano porque hay una mención de la festividad de la Virgen de Candelaria que es permitida en la finca; y puede analizarse la obra desde su aspecto histórico-contextual y otras cosas.

En contraposición con Luis se encuentra Fernando su hermano, y Don Juan
Don Juan Representa el orden antiguo, pese a que es terrateniente, tiene nostalgia del tiempo antiguo.
Felipe podría ser, pero a esto a una interpretación más personal, la máxima forma del ser del hombre moderno un epicúreo, un desinterasado, un hedonista; lo que a sus manifestaciones más modernas es el hombre posmoderno.

De la mujer podemos comparar tres personajes, Margarita, Adela y la Alemana; no contaré en este caso a la mujer indígena que es presentada en La Visión o que luego es violada por Luis porque no es presentada como mujer, es carente de agencia y nombre es presentada más como un objeto de satisfacción sexual, como un símbolo corrompido, de lo cual hablaré más adelante.

Estos tres personajes que he mencionado anteriormente son dos mujeres mestizas, criollas  y una extranjera que por sus modos de vivir, historia e idioma para expresarse se integran en el grupo de mujeres occidentales; Margarita es el símbolo de pureza femenina, una mujer virtuosa, trabajadora, vulnerable por su situación social e histórica; carente de padre o figura masculina que vele por ella y su integridad y de la cual esta a merced del poder del criollo o hacendado que busca corromperla moralmente y someterla a un estado de indignidad.  Luis representa para ella la modernidad, que le seduce a dejarse poseer, a objetivarse a definirse en torno al sexo.

La sexualidad como en la modernidad deja de ser un hecho dirigido a la maternidad y se manifiesta como la pornografía en la actualidad a la masturbación y satisfacción momentánea; la mujer no es más que un ser que goza y se deja gozar
Adela, hermana mayor de Margarita,  representa sensualidad, que también ha caído en desgracia de una gloria pasada, a pesar de que  una mujer casada, patrona de la finca El Pino, que pasa del cumplimiento de su deber y se dedica a cometer infidelidades consciente de que moralmente no es un actuar social correcto o el cumplimiento de un compromiso de fidelidad; para la época cuenta con lujos es una mujer que a la óptica feminista radical actual podría definírsele como una mujer empoderada cuando realmente el único hecho que comete o con el que trasciende es rumbo a la amoralidad.

Y la alemana es una mujer materialista desinteresada por la compasión como se ha dicho antes.

Flavio en El Tigre no es solamente crítico del actuar del hombre y la mujer occidental, así mismo crítico o presentador del reflejo ignorante y estúpido del guatemalteco criollo o mestizo de principios y mediados del siglo XX que concibe al indígena que por las referencias que nos hace es el maya hablante, de occidente; como un animal, como una larva; como un ser poseedor de un pasado glorioso, del que hora no le queda más que un triste y mísero recuerdo.

El indígena en el Tigre es un personaje que puede categorizarse en dos; o el anulado y colectivo (grotesco, sucio, visceral), o el individual como el personaje de Tisiquin (que bien podría ser un eufemismo quiché, el mismo nombre), que es constantemente ridiculizado por los patronos, tenido a menos; con una mayor intervención, pero con claras manifestaciones de torpeza, cada actuar o papel que ejecuta es regañado por los dueños de la finca.

No hay un solo vestigio de deseo de rebelión indígena como podría pensarse en un Huasipungo de Jorge Icaza, ni momento para compadecerse del indígena por ser “un” más que un “ser” un hombre sensible, poseedor de conocimiento, deseos y agencia.

Es un ser con un espíritu roto.

¿Por qué razón Flavio Herrera no es racista con el indígena guatemalteco en esta obra?  

Porque la crudeza de sus descripciones son la voz de el otro  (el criollo que desde su visión moderna asume al indígena, y que históricamente en Guatemala se ha buscado aculturarlo, ladinizarlo, volverlo igual o una caricatura del mestizo o del hombre occidental de religiones abrahamicas).

Y porque reconoce la existencia de la nobleza anterior, aunque este símbolo es mancillado no sin propósito.

En la visión se reconoce a una mujer indígena, que ya la mencioné anteriormente, que se le reconoce hermosa, destaca por su altura, por su porte y es tenida por desendiente de las princesas de Atitlan.

Es la constante pregunta ¿hasta donde este pueblo puede dejar humillar su orgullo?, ya no es en la actualidad el hombre blanco o el mestizo el que humilla, porque también es humillado en la modernidad por el extranjero, por la banca internacional, por las leyes injustas por el proteccionismo o subre monitoreo gubernamental, por la decadencia espiritual y moral del mismo hombre occidental.

Esta obra es más que un reflejo de la vida del campo del pasado, las estampas guatemaltecas criollas; y que se mantiene actual y vigente en tanto se reconozca que los vicios que ahí presenta son los vicios actuales, es la misma degradación espiritual del hombre moderno, abrumado por el desarrollo tecnológico ya no de la máquina sino de la inteligencia artificial,  del big data, de los algoritmos todosapientes de las redes sociales, de la búsqueda por la fiscalización y el control gubernamental de esta democracia financiera en la que vivimos; que solo nos lleva a la inminente destrucción del Kali Yuga.

Continuará...

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