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Matheus Kar: entre la ficción y lo real - Desta/K/dos

 ENTREVISTA POR LUIS RICARDO LÓPEZ ALVAREZ / 16 DE JULIO 2020



fotografía del escritor Matheus Kar
Escritor Matheus Kar  Circa. 2019 ACE

Matheus Kar es un escritor joven (25 años), tiene estudios en Psicología y Literatura por la Universidad de San Carlos de Guatemala; cuenta con dos obras publicadas y un fuerte impulso por la creación literaria y la promoción de la palabra en su país; de tal cuenta que es Fundador y miembro único del Colectivo Bartleby, y desde 2019 es miembro del Colectivo Amberes.  Ha sido ganador de premios literarios por sus trabajos artísticos: Premio Manuel José Arce de Editorial Universitaria y Premio Ipso Facto de Editorial Equizzero por sus obras Asubhã y Alturas de Wall Street, respectivamente. Además de una creación colaborativa con el Colectivo Amberes de una Fanzine.

Ha participado en festivales y encuentros literarios en Ámérica del Sur y Centroamérica; particularmente en el Festival El Color de la Palabra en 2019. 

Entre sus proyectos se cuenta la creación de La Poeteca: taller de escritura para sensibilidades creativas.  Kar se ha hecho carrera como editor, antologador y columnista para distintos medios de comunicación.  

Este año participará en la tercera edición de FilXela: "FilXela Conectados", es su segundo año como tallerista para la creación literaria y este 17 de julio de 2020 tendremos la oportunidad de seguirle por medio de las redes de FilXela con el tema: Introducción al Análisis e interpretación de textos Literarios.

Tuve la oportunidad de entrevistarlo ya que me pareció prudente conocer más sobre las impresiones literarias de este autor; y sobre el Colectivo Amberes, del cual es parte. 

Les invitamos a quedarse conectados a la FILXela 2020 y a no perderse las actividades que tienen preparadas desde Fábrica de Ideas y Casa Noj. 

Quiero agradecer a Matheus Kar por tomarse el tiempo de conversar conmigo y responder estas preguntas para nuestros lectores.


Afiche del taller del escritor Matheus Kar FILXela
Afiche promocional del taller de Matheus Kar para la FILXela Conectados
«Busco que mis textos sean una realidad, un paréntesis en la vida de mis lectores, que ellos puedan ver reflejado algo suyo...» 

LL: Para ti, como escritor, ¿cómo ves a tu lector ideal?

MK:Te daré la misma respuesta que le dio Ben Kenobi a Luke Skywalker cuando este le preguntó si conocía a un tal Obi Wan Kenobi: «Soy yo». 

Soy y no soy, a la vez, mi lector ideal. Antes de haber publicado mis primeros dos libros, había escrito, al menos, unos ocho más (que por obvias razones terminé desechando). 

Fue hasta que me impuse dos reglas que, al fin, pude escribir algo de lo que me podía sentir satisfecho. La primera fue «divertirme al escribir» y la segunda «escribir algo que me gustaría leer». En ese sentido, espero lo mismo de mis lectores, sobre todo lo primero, que se diviertan, que es a la vez un sintetizador de muchas emociones que conmueven. 

Busco que mis textos sean una realidad, un paréntesis en la vida de mis lectores, que ellos puedan ver reflejado algo suyo (o de su alrededor) en lo que están leyendo. Sin embargo, no se trata de una realidad obvia o que puede ser expresada en otros formatos, sino que necesariamente se ciñe al formato de la escritura.

LL: Para ti, como escritor, ¿quién sería tu autor ideal?; ¿y por qué (si existe)? Si no, ¿cómo sería?

MK: Pienso en muchos autores excepcionales y que casi todo el mundo conoce, como Borges o James Joyce, que son símbolo y alegoría de conceptos que el lenguaje no ha logrado apropiarse, pero que ellos han sabido sugerir muy bien. 

Del segundo, por ejemplo, se ramifica William Faulkner, y de este el «Boom latinoamericano».  Del primero, se desprende Bolaño, Cortázar y casi toda la literatura latinoamericana contemporánea. 

¿Pero a qué se debe esto? Que han sido autores que no han dado respuestas, se han dedicado a plantear preguntas (que hasta el día de hoy siguen vigentes). Y para mí esos son los autores valiosos, o de los que más he aprendido. Son autores de búsqueda, no de respuestas.


LL: ¿Qué aspectos consideras que capturan al lector en una obra literaria?, esto desde la perspectiva de lector y de escritor.

MK: Bueno, creo que ya he hablado un poco de eso en las dos respuestas anteriores. 

Pero algo fundamental es el diálogo que se genera entre el lector y el autor pese a las diferencias de tiempo o espacio. 

Por ejemplo, a mí encanta el diálogo que se genera entre Homero, James Joyce y Enrique Vila-Matas. Como se sabe, el Ulises es una relectura moderna de la Odisea. Y Dublinesca, de Vila Matas es una relectura de la primera, o, más bien, del capítulo 6, que es el Hades y a la vez el funeral de la era Gutenberg, de la imprenta.

La obra, a pesar de que su argumento principal es la celebración del Bloomsday, al final termina siendo una reflexión sobre la muerte del libro y de la literatura. Es cuando dices que una obra es genial, y la literatura se te presenta como necesaria, como una necesidad que ni la televisión ni el cine ni la música pueden colmar.   

LL: ¿En qué debe fijarse un lector para tener una mejor comprensión de la obra literaria?

MK: Existen muchas formas de abordar una obra literaria. Empezar con el asunto es muy efectivo para ir desenredando la obra en su totalidad. Sin embargo, hay que saber unas cuantas cosas. 

Primero, para comprender una obra hay que leerla varias veces. Segundo, todo texto es inagotable. Esto no quiere decir que un texto puede significar cualquier cosa, si fuera así, no significa nada, al final de cuentas. Me refiero a que el significado de una obra puede extenderse con el tiempo o adaptarse a la visión de la época, pero nunca traicionar su esencia. Uno de los mejores ejemplos de comprensión es la adaptación de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, hecha por Francis Ford Coppola: Apocalipse now!  

Los temas principales se mantienen, pero el contexto es otro, los personajes son otros y los motivos también.  

Por el contrario, la mayoría de adaptaciones cinematográficas no parecen comprender la esencia de la obra, son traducciones literales (en el mejor de los casos) o transgresiones aberrantes (en el peor). Por ejemplo (me gustan los ejemplos), considero a Blade Runner 2049 una mejor adaptación de la obra de Philip K. Dick que la Blade Runner original. Para quienes han leído el libro, sabrán a qué me refiero, pese a que 2049 poco tenga que ver con la obra literaria.

LL: ¿Hay algún enfoque en particular que prefieras al momento de analizar una obra literaria? ¿Por qué lo prefieres a los demás?  

MK: Primero que nada, en interpretación literaria, siempre es más conveniente diseccionar la obra, que es el análisis tradicional y escolar (tema, personajes, técnica, partes, estructura, argumento, etcétera). 

Sin embargo, cuando un texto es original, es, por tanto, un texto redondo. Esto quiere decir que ningún elemento está de más y se pueden plantear preguntas como: ¿Cuál es la relación entre la estructura y el tema de la obra? Viene a mi mente el carácter fragmentario y elíptico de American Psycho, de Bret Easton Ellis, y cómo refleja el insano estado mental de Patick Bateman. 

O, por ejemplo, cómo la falta de comas en The road, de Cormac McCarthy, ayuda a fortalecer la sensación apocalíptica y árida de la narración; que se le conoce como mímesis. 

Y para ir un poco más allá del texto, de lo analizable, me gusta apoyarme en el enfoque psicoanalítico, que ha logrado que el texto hable más allá de sus posibilidades o intenciones del autor. Hace poco hice un estudio de la obra de Estuardo Prado y los resultados me parecieron geniales. 

Actualmente, me encuentro desarrollando esta idea de cómo la obra de Prado puede ser el equivalente literario de la crítica ideológica de Žižek, algo que no encontrás todos los días en otro autor, menos nacional.

LL: ¿Qué retos crees que encuentra la mayor parte de los asistentes de los talleres de literatura?

MK: La verdad, no lo sé. Los talleres a veces suelen ser un poco fascistas, porque prácticamente están fundados en la idea de que todo «debe» ser de una sola manera, o de que solo hay una forma de hacer las cosas, o de que el otro no sabe y solo yo, tallerista, sé algo. En el peor de los casos, el tallerista no está a la altura de sus promesas. 

Por eso mismo, los talleres que he tenido la oportunidad de impartir juegan con la idea de la diferencia, de cómo esta es el motor del desarrollo. En ese sentido, mis talleres son algo «dialécticos», me gusta confrontar ideas para que el asistente genere sus propias respuestas (que en la mayoría de los casos suelen ser muy enriquecedoras). También me gusta poner a prueba la creatividad, que no es otra cosa que el «estilo» en que cada persona digiere y proyecta la cultura. 

LL: ¿En qué proyecto estás actualmente y qué planes tienes para un futuro próximo como escritor?

MK: Soy un escritor lento, en el sentido de que mis obras tardan mucho tiempo en publicarse (aunque eso de mucho o poco suele ser relativo). Actualmente, me encuentro trabajando en un poemario llevo escribiendo desde hace cuatro años, y una serie de novelas que he estado desarrollando en casi el mismo tiempo. 

No sé cuándo las vaya a publicar, pero, por el momento, me limito a pensar en su escritura y en lograr el efecto o el diálogo que me he propuesto.

LL: ¿Qué autores dirías que son los que vale la pena leer actualmente y que lo están haciendo mejor?

MK: Pienso que los Clásicos, por muy legibles o ilegibles que sean, son obligatorios para alguien que dice llamarse escritor. Para un lector, sin embargo, son prescindibles en cierto sentido. Pueden leer a Borges, por ejemplo, sin necesidad de leer a todos los que lo influyeron. 

Incluso el anonadamiento (que es la forma como le llamo al efecto que me producen sus cuentos) es más fuerte. 

Pero si has leído La divina comedia no te parecerá tan sorprendente El Aleph, por ejemplo. O. por el contrario, podría producirte un placer mayor el unir las referencias. 

Otro caso: puedes leer el Ulises o Dublineses sin haber leído La Odisea, pero algo es seguro, esta última es más fácil de leer que las otras dos y posiblemente se pierdan muchos de los elementos que las enriquecen. Aún así, yo los sigo recomendando.

Entre otros autores (que son básicos, a mi manera de ver), recomendaría a Roberto Bolaño, a Borges, a Kafka, a Thomas Pynchon, a Ray Bradbury, a James Joyce, a Samuel Beckett, a Eduardo Halfon, a Estuardo Prado, a Maurice Echeverría, a Augusto Monterroso, a Marco Antonio Flores, a Mario Roberto Morales, a Miguel Ángel Asturias, a Karl Ove Knausgard, a Cormac McCarthy, a Michel Houellebecq. Eso en narrativa. En poesía, vienen a mi mente T. S. Eliot, Octavio Paz (que los malos poetas no suelen leer), otra vez Borges, Enrique Verástegui, Mario Montalbetti, Gabriel Chávez Casazola, Ocean Vuong,  Wirsan Shire, Lucinda Swann, Silvia Plath, Anne Carson, Allen Ginsberg, Samuel Beckett, Billy collins, Luis Alfredo Arango, Margarita Carrera, Manuel José Arce y los de siempre (Neruda, Huidobro, Vallejo, etcétera). 

Eventualmente, los buenos escritores te recomiendan grandes escritores en sus propios libros. 

LL: ¿Cuál piensas que es la función de la literatura en este momento?

MK: Ni en este ni en ningún otro momento la literatura ha tenido una función para incidir significativamente e instantáneamente en lo social.

Y tampoco es un elemento aislado de la historia, es la historia misma. La lectura es un acto solitario y egoísta, te produce placer a partir del dolor (casi siempre de otro) y te hace consciente de tu propia finitud, tu propia mortalidad; eso te obliga a buscar sobrevivir, incluso por encima de otros o de los sentimientos de otros. 

Me estaría contradiciendo, si digo que la lectura nos hace más conscientes o más humanos. Lo que la literatura hace, por el contrario, es señalar nuestra propia inhumanidad. Ya lo que hacemos con ello es trabajo de nuestra moral cristiana o los residuos que queden de ella. 

LL: La relación entre los escritores y la tecnología, ¿cómo crees que debería ser?

MK: No sé, a ciencia cierta, como suelen decir; ¿cómo debería ser la relación entre un escritor y la tecnología? 

Pienso que un escritor es como cualquier otra persona. A veces, los escritores seniles suelen decir que el escritor no debería tomase selfies, ponerse filtros en Instagram o escribir un punto para saber qué tipo de tamal es. 

Esa idea es tan dictatorial como la idea de que el escritor debe estar comprometido políticamente. No veo que a los panaderos les digan cosas como esas, o a los carpinteros. Es una decisión personal. En ese sentido, interactúo como cualquier otra persona en las redes. 

Eso sí, trato de tener mucha responsabilidad con lo que publico en Internet, porque a diferencia de otras profesiones, la forma de interactuar en las redes es a través de la escritura (área en la que supuestamente soy experto), entonces buscó proyectar una buena imagen de mi oficio. 

Por otro lado, casi no me mantengo en las redes, pero no se debe a ninguna pretensión o postura esnobista, sino que, como escritor, me la paso escribiendo o leyendo y, ya después de tantos años, he aprendido a valorar mi tiempo.

LL: ¿Qué es Colectivo Amberes?, ¿qué propuestas tienen?

MK: A veces no lo sé, otras veces sí. Desde mi punto de vista, es un racimo de autores con una obra decente que buscan proyectarse con más entusiasmo del que habrían de hacerlo estando separados. 

Por otra parte, también es un apostolado por mantener la profesión de la escritura, de interactuar, de compartir y de aprender de otros, y, algún día renovar el triste panorama de la literatura guatemalteca. 

Hay ciertos autores que yo nunca podré ver como escritores, los podré ver como directores de un centro cultural, de alguna revista, editores, dueños de alguna editorial, o foodies, o DJs, o baristas, o periodistas, pero jamás como escritores. 

Siempre me ha parecido lamentable la forma en que los falsos escritores guatemaltecos se refieren a su obra («mi librito», «lo que sea que yo escriba», «esos textos que yo llamo poemas», «las muladas que escribo»), y sí, posiblemente, tengan razón al referirse  despectivamente hacia su propia obra. 

Lo contradictorio es que después estab alegando cuando los critican o no los leen. Esta falsa humildad a veces es intolerable.  

A la gente se le olvida que «autor» viene de «autoridad» y que quien publica su texto en un formato occidental tradicional, como lo es el libro, es una autoridad en un tema o un arte. 

Si no pueden jugar al escritor, que no jueguen. No me imagino a un panadero hablando mal de su producto para luego venderlo. No me imagino a un arquitecto hablando mal de los cimientos de un edificio para que la gente se mude a vivir ahí. 

En Amberes hemos buscado paliar estos vicios. Pienso que todos los integrantes se sienten orgullosos de su obra y han batallado muchas horas en un escritorio para entregar, al igual que el panadero y el arquitecto, un producto decente, emocionante, y del que, con mucha seguridad, los lectores querrán más. 

LL: ¿Estás trabajando en alguna obra o propuesta actualmente?

MK: Sí, el poemario que te decía, que desarrolla el tema espinoso y delicado de las dinámicas familiares. Afortunadamente, mi roce con otros poetas centroamericanos y muchos de los autores contemporáneos me han dado la pauta para definir una estructura literaria del texto y no caer en la confesión cristiana o el diario de adolescente.

Por otro lado, en narrativa, a través de varias novelas me encuentro explorando el devenir centroamericano, tanto desde la historia de Guatemala como desde la psicología de sus habitantes y protagonistas, evitando a toda costa la caricatura del realismo socialista o la romantización de la izquierda o la defensa de la derecha (¡increíble que la haya!), que son los elemento que más han envejecido en la literatura guatemalteca. 


Hasta aquí la entrevista con Matheus Kar; vale decir que es un escritor que tiene una visión clara de la literatura de lo ficcional y lo real; de aquello que le disgusta y agrada del medio literario nacional y global; es un cinéfilo y un lector dedicado. Verdaderamente la literatura actual es un crisol de opiniones y posturas; pero en la síntesis de las mismas se llega a comprender la visión general de los escritores guatemaltecos. 

Le deseamos éxitos en el proyecto literario de Colectivo Amberes y en el taller que estará presentando proximamente en la FILXela Conectados.

Como dato adicional compartimos este video creado por la Revista como un promocional para la entrevista que tuvo en Letras en Directo  en Noviembre de 2019.




Luis Ricardo López Alvarez



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